Riffs – por CHEMA BASTOS

Receta para un riff de guitarra. Coja Ud. esa vieja guitarra que guarda encima de un armario en una funda de cuadros escoceses, la que compró cuando tenía quince años, y la vana esperanza de que le ayudará a adelantar su primera experiencia sexual. Desenfunde, desempolve, no hace falta que afine, solo va a usar una cuerda, la sexta, que es la primera según mira desde arriba. Púlsela una vez, luego presione con el dedo índice el tercer traste y a continuación en el quinto. Repita la operación, intercalando el sexto traste, y acabe como empezó, tañendo el bordón al aire. Ya tiene Ud. un riff de guitarra, concretamente el más famoso de todos los tiempos, tanto que según se cuenta, en alguna tienda de instrumentos musicales se ha colocado un cartel con la leyenda:

 “Prohibido probar las guitarras eléctricas tocando Smoke On The Water”.

 Es verdad que al guitarrista de Deep Purple, con una Stratocaster y un Marshall de válvulas de vacío, le sonaba algo mejor que a Ud. y que a mí, pero aun así, llama la atención lo sencillo que es un riff, y cómo se puede elaborar un clásico eterno del rock con una figura elemental que se repite insistentemente. Un riff pues no es más que un dibujo musical, una corta figura melódica que constituye la base de una canción. Es lo que en música clásica se llama motivo musical, pero en macarra, sin refinar con un desarrollo posterior. Por ejemplo, la Quinta Sinfonía de Beethoveen empieza con un riff brutal, que hubiera hecho las delicias de cualquier héroe de la guitarra. Si a Louis Armstrong le bastaba un beso para construir un sueño, a los grandes hacedores de riffs les basta una mínima frase melódica para edificar canciones monumentales, grandes hits que obligan a casi todos a tocar una imaginaria guitarra y agitar la cabeza, incluso cuando ya no queda pelo que mover al viento.

 El de Smoke On The Water es un riff basado en un intervalo de tercera. Eso quiere decir que la melodía repite un salto de tres escalones en la escalera tonal, del peldaño Mi a Sol, tal y como Ud. lo ha perpetrado. El intervalo de tercera es con mucho el más heavy de todos, es más heavy que una lluvia de hachas. El riff de La Grange de ZZ Top, que de hecho es muy parecido, o el de Layla de Eric Clapton, también son riffs basados en este intervalo. Y lo es por supuesto el de Whole Lotta Rosie, obra de ACDC, sin duda la más formidable máquina de hacer riffs de la historia, con permiso de Keith Richards; y también el que abre El Tren, de Leño, por incluir el producto nacional más bruto.

Sin embargo el riff que según los sesudos y melenudos expertos en la historia del rock dio paso por primera vez al rock duro, se basa en un intervalo de segunda. The Kinks son una banda bastante inclasificable (y genial) pero desde luego no eran un grupo proto heavy, de la primera Edad del Hierro. A pesar de ello, el dibujo de You Really Got Me, que con la distorsión arcaica sonaba como una sierra cortando un tronco, ha pasado a la historia como el primer riff del Hard Rock. También es un intervalo de segunda, pero en ritmo más pausado, el que forma el archiconocido riff de Cocaine, de J.J. Cale.

Aunque hay riffs característicos de todos los subgéneros, típicos del blues, el soul, el roc&roll, el country…sin duda la era dorada de las canciones basadas en guitarrazos sencillos y contundentes fue la década de los 70. Led Zeppelin, Black Sabbath, Thin Lizzy, Lynyrd Skynyrd, The Who, Motorhead…la lista es inacabable. El Punk y la Nueva Ola suponen en cierto modo una caricatura de este forma de hacer música, pero aun así hay grandes riffs sucios e imperfectos en esta época, como el Should I Stay Or Should I Go? de The Clash, o el consabido My Sharona, de The Knack, con un intervalo de octava, toma ya.

En cada hito de nuestra vida podemos escuchar un riff de fondo, el himno de cada momento. Si Ud es algo más joven y empezó a oír música en los 90, recordará el irresistible riff que abre el grunge, el de Smell Like Teen Spirit, programado por Nirvana para batir el cerebro dentro del cráneo. Y aun ahora, cuando está todo inventado, The White Stripes con Seven Nation Army han dado con el Ultimo Riff, tan básico, elemental y tribal que no podía por menos que convertirse en un himno futbolero, coreado en los estadios por la masa.

Y aprovechando que no me vais a preguntar por mi riff favorito, pues os lo voy a decir. Desde que mi primo Eduardo me enseñó a tocar Sweet Jane en la guitarra, con la vana esperanza de que me ayudara a adelantar mi primera experiencia sexual, el tema de esta canción del último disco de The Velvet Underground siempre me ha arrebatado. En esta versión, interpetada por Lou Reed ya en solitario, y acompañado por una de las mejores bandas de rock que se recuerdan, el riff se hace esperar, precedido por una larga introducción. Pero cuando aparece triunfante y contundente, majestuoso, parece sencillamente que el mundo se ha puesto a andar.

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Chema Bastos

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