Revisitando a Salinger y a la familia Glass

Pocos escritores han pasado a la historia con una obra tan raquítica en volumen como la de J. D. Salinger. La publicación de la novela El guardián entre el centeno (The Catcher in the Rye) en 1951 le encumbró, a su pesar, como icono de la contracultura estadounidense. El éxito de crítica y de ventas que cosecharon las andanzas por la ciudad de Nueva York del joven Holden Caulfield fueron inmediatos y el libro ha sido un referente para todas las generaciones de la segunda mitad del siglo XX, y desgraciadamente, también para los asesinos, como el que tiroteó a John Lennon a la puerta de su casa aquel aciago día de 1980.

J. D. Salinger

 Sin embargo, no demasiada gente conoce su otra obra, que aparte de publicaciones puntuales en revistas, se compone de cinco títulos: la colección de relatos cortos Nine Stories, Levantad carpinteros la viga maestra (Raise High the Roof Beam, Carpenters), Franny, Zooey y Seymour: una introducción (Seymour: An Introduction).Y la mayor parte de estos relatos están protagonizados por los miembros de una misma familia, Les y Bessie Glass y sus siete hijos.

 La importancia de esta familia dentro de la obra y de la vida de Jerome David Salinger es fundamental, como apuntan David Shields y Shane Salerno, sus más recientes biógrafos (Salinger, 2013), que describen como el escritor hablaba de ellos como si se tratase de personas reales y no de personajes de ficción, como si fuesen los miembros de su propia familia.

 No es una historia con trama única y un eje cronológico. Se trata de pinceladas o flashes que nos ofrece de ellos a través de sus relatos y novelas cortas, desde que en 1948 aparece por primera vez uno de sus miembros, Seymour Glass, en el cuento Un día perfecto para el pez plátano (A Perfect Day for Bananafish).

 Jerry Salinger, como le conocían sus allegados, era un hombre introvertido y poco sociable, con una personalidad muy marcada por su experiencia en la Segunda Guerra Mundial. Desembarcó en la playa Utah de Normandía con el 12 Regimiento de Infantería el 6 de junio de 1944. Se trataba de un contingente de 3.100 hombres que para finales de ese mismo mes se  había reducido en 2.500, lo que da una idea de la crudeza de los combates en los que se vio envuelto el escritor.

 Pero el daño sufrido por el estrés bélico recibe el espaldarazo final cuando al acabar la contienda participa en la liberación de los campos de exterminio nazis y descubre la barbarie que se había perpetrado allí. Nunca pudo superar su experiencia en los frentes europeos, que como defienden Shane y Salerno, paradójicamente nos dio al escritor al que admiramos: “la guerra, al destruirle, le creó” (The war, destroying him, created him”).

 J.D. Salinger, al igual que sus personajes Holden Caulfield o los retoños Glass, es un inadaptado social. No se encuentra a gusto en la sociedad norteamericana de la posguerra, no comparte sus valores materialistas ni sus ideales. Y ese rechazo es lo que plasma en su obra y lo que la hace tan valiosa, adelantándose bastantes años al fenómeno contracultural de la época por excelencia, la Generación Beat.

 Precisamente, cuando El guardián entre el centeno se convierte en un bombazo, Salinger no puede soportar el peso de la fama y se retira de por vida a una casa de campo de New Hampshire en 1952. No volvería a comparecer en público y solamente unos pocos privilegiados han podido hablar con él hasta su muerte en 2010.

 En una ocasión afirmó “I was with the Fourth Division during the war. I almost always write about very young people” (“Estuve con la Cuarta División durante la guerra. Casi siempre escribo sobre gente muy joven”). Parece obvio que Salinger rechazaba el mundo de los adultos, un mundo que era capaz de provocar la barbarie que pudo contemplar en Europa, y que reivindicase la pureza de la primera juventud. Es conocida su afición por tratar con niñas, por hacerse su amigo y hablar con ellas, eso sí, aparentemente sin el menor trasfondo pederasta. Esta atracción por los jóvenes le lleva a crear a los niños Glass y a proyectarlos en sus versiones adultas de distintas épocas.

 Les y Bessie, los progenitores, son unos actores de vodevil bastante famosos a principios de los años 20; de hecho entre 1921 y 1923 realizan una gira por Australia acompañados por sus cinco hijos mayores. El conjunto de su progenie está compuesta por siete vástagos: el citado Seymour, que es el primogénito, seguido por orden de nacimiento de Buddy, Boo Boo, los gemelos Walter y Waker, Zooey, y finalmente, Frances, la benjamín de la familia, que nace en 1935 y que es conocida como Franny en la obra de Salinger.

  El padre no aparece en los relatos más que por referencias de sus hijos, mientras que Bessie sí que tiene una aparición otoñal en Zooey, publicada en 1957 y situada dos años antes. De hecho, la figura del padre de familia es totalmente asumida por Seymour, tanto antes como después de su muerte, puesto que constituye una figura mesiánica y casi divina para el resto de sus hermanos (o por lo menos para aquellos que tienen una voz directa en primera persona en los relatos). El verdadero padre, Les, se convierte en una figura anecdótica muy alejada de la vida real y espiritual de la familia.

 Uno de los rasgos comunes de los siete hermanos es el haber participado en un programa de radio de alcance nacional It´s a Wise Child (Es un niño sabio), en el que actúan como niños prodigio respondiendo a preguntas de los oyentes. Los primeros en participar, Seymour y Buddy, lo hacen a partir de 1925, pero la presencia de niños Glass en el programa es continua hasta finales de los años cuarenta, momento en que entran en antena los más pequeños, Zooey y Franny. Los ingresos que proporciona la radiodifusión a la familia son utilizados para pagarles estudios superiores a todos.

Todos los Glass sin excepción son extraordinariamente cultos y espirituales, factores que les convierten en rarezas dentro de la sociedad estadounidense de posguerra, y que hacen que no encajen en el sistema con facilidad, a pesar de que hay miembros de la familia que manifiestan mayor capacidad para sobrevivir que otros.

 Jerry Salinger proyecta su propia inadaptación y disgusto con los Estados Unidos de su época en estos personajes, y por ello, se siente cómodo con ellos pues comparten su neurosis y sus anhelos, llegando a considerarlos como su propia familia. Incluso algunos de los Glass presentan rasgos de la vida del escritor.

 Por ejemplo, Salinger se asocia a sí mismo en gran medida con Buddy Glass, el cronista de la familia, que escribe entre otras la pieza tan monumental como pesada de leer Seymour: una introducción. En ella se presenta con rasgos míticos, años después de su suicidio, la figura y personalidad del primogénito, describiéndole como un cúmulo de perfección: un hombre de una inteligencia superior, poeta, filósofo, guía espiritual de la familia…

 Pero también Seymour tiene cosas en común con su creador literario; al igual que él combatió en la Segunda Guerra Mundial (Buddy también, por cierto) y volvió a su país con un estrés postraumático. Al igual que J. D. Salinger  práctica religiones orientales (mucho antes de que se pusieran de moda en EE.UU.) relacionadas con el Budismo y con el Hinduismo. Y probablemente sus sesos se llevaron el disparo de Luger que el escritor guardaba para sí mismo: Seymour se inmoló en la ficción evitando así que su creador lo hiciese en la realidad.

 Conocemos a Seymour directamente en el relato antes citado Un día perfecto para el pez plátano (A Perfect Day for Bananafish), en el que se encuentra de vacaciones con su esposa Muriel en la playa celebrando una segunda luna de miel. Conoce a una niña con la que habla y posteriormente sube a la habitación del hotel y se levanta la tapa de los sesos de un disparo. ¿Por qué? No se dice… Quizá por sus dudas y conflictos espirituales, quizá por haberse casado con una chica pija tan distinta de él, quizá por los fantasmas que volvieron con él de la guerra…

 Otro de los relatos narrado por Buddy, Levantad carpinteros la viga maestra (Raise High the Roof Beam, Carpenters),nos sitúa el día de la boda de Seymour. Buddy y otros invitados que se dirigen a la ceremonia se ven envueltos en un atasco inesperado y acaban en el piso de solteros que compartían Seymour y Buddy. Aquí se nos presenta, a través de lo que cuentan sobre él los personajes ajenos a la familia, a un Seymour distinto, a un ser raro e inadaptado.

 Beatrice o Boo Boo es el tercer retoño Glass. Lo poco que sabemos de ella es que está casada y que tiene tres hijos. Nos es presentada como poco atractiva físicamente aunque con una personalidad sorprendente.

 Los gemelos también asoman muy tímidamente en los relatos. Ambos pasan por el ejército y se nos cuenta que Walter falleció en Japón en un accidente con una bomba. Por su parte, de Waker sabemos que abrazó el catolicismo y que pasó la guerra preso por objeción de conciencia. Al finalizar la contienda se ordena monje cartujo.

 De los más pequeños, Zachary y Frances (Zooey y Franny) Salinger nos ofrece una visión  más completa que de sus hermanos inmediatamente mayores. De hecho ambos dan su nombre a dos novelas corta que en 1961 se publican en un solo volumen bajo el título Franny y Zooey.

 La publicación de Franny en 1955 en The New Yorker seguida de Zooey dos años después supuso la consagración de J.D. Salinger como escritor de éxito mediático, tras el primer triunfo de El guardián entre el centeno de unos años antes. También estos relatos batieron un récord de ventas en las sucesivas reediciones.

 Franny nos presenta a la más joven de los Glass pasando por una crisis espiritual que le lleva a abandonar la universidad y a cortar con su novio. El origen de todo es un oscuro libro religioso ruso del siglo XIX sobre un peregrino que ha leído y que se supone que le abre los ojos sobre lo distintas que son sus inquietudes de las de los jóvenes de su edad con los que se relaciona, es decir, sus compañeras de estudios y el chico con el que sale.

 De nuevo nos encontramos con una persona de una inteligencia y una cultura superiores a la media, como el resto de los Glass, que no acaba de encajar en la sociedad que le rodea. El libro ruso no es más que el detonante de una situación insostenible. Al final del relato dejamos a Franny sufriendo una crisis de ansiedad en los lavabos del restaurante a donde ha ido a almorzar con su novio.

 La acción de Zooey tiene lugar tres días después que los sucesos narrados en Franny. La protagonista ha abandonado el campus y se ha refugiado en el apartamento familiar en Manhattan. Salinger nos presenta por primera vez a la madre de la familia, Bessie, que dista mucho de ser la bella actriz de vodevil de antaño. Se trata de una señora de mediana edad que se pasea  fumando (todos los Glass fuman como carreteros) en bata y que guarda varios paquetes de tabaco en los bolsillos de la misma, agrandados para tal fin.

 La mitad de la novela transcurre en el servicio mientras Zooey se está dando un baño releyendo una vieja carta del difunto Seymour. Su madre entra a pedirle que intenté averiguar qué le pasa a su hermana Franny. Zooey, dentro de ser un Glass y de compartir su grado de inadaptación social, es uno de los miembros de la familia que mejor se ha desenvuelto en la vida. Tras abandonar el programa de radio Es un niño sabio se convierte en actor de televisión de éxito. En el plano más doméstico, es el hermano que mejor comprendió las enseñanzas del “guru” Seymour.

 La segunda parte del relato constituye una larga conversación entre los dos hermanos en la que finalmente Zooey logra ayudar y tranquilizar a Franny gracias a las enseñanzas extraídas de la carta del primogénito. Seymour continúa ganando batallas después de muerto…

 Quizá lo más atractivo para el lector de las historias de los Glass es que éstas se nos presentan en pequeñas escenas muy particulares, en las que tenemos a menudo que interpretar nosotros mismos lo que está pasando realmente. Con frecuencia debemos desconfiar de la versión de los hechos que nos presenta el principal narrador, Buddy, porque su visión excesivamente sesgada puede ofrecer una interpretación incorrecta de los hechos.

 Es por ello que lo que nos engancha a esta familia es que adoptamos un papel activo como lectores que nos obliga a tomar partido y a pensar, pasando a formar parte del universo personal de J.D. Salinger.

Pablo Rodríguez Canfranc

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