Resurgere – por EMILIA MARTÍNEZ RUIZ

Empezó por oscurecérsele todo poco a poco; los ámbitos cotidianos le parecieron un mundo desconocido pintado de ceniza con chispazos color caldera; los espacios familiares, tranquilizadores, se llenaron de recodos hostiles. Y anduvo por las calles igual que si caminara entre grabados y tapices, perdiéndose a través de laberintos de cristales opacos. Luego, estalló la tempestad, esa que te hace oscilar en el vacío y solamente algunas personas conocen; entonces, vio el tiempo que sin darse cuenta le había transcurrido, como si observara un bordado y no supiera continuarlo. Hizo el mutis imposible de salir, quedarse, estar y no ser, hasta que su presencia fue nada, a veces pensaba que existía sólo en su imaginación. Aún así, siguió viviendo y ateniéndose a las normas de cortesía: trabajaba, paseaba, saludaba, decía gracias, por favor, y se consumía interesándose por realidades que no le importaban lo más mínimo.

Después, el temporal pasó, acabó: casi todo termina pasando, acabando.

Sobrevino una calma de limón y rosas, un silencio perfumado de violetas; reajustó el reloj de su vida, reordenó los hilos, y continuó el bordado ; las horas volvieron a sonar: nuevas, precisas, preciosas.

Suyos eran de nuevo el tiempo, el espacio, y los colores.

 

 

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