Resistencia – por MARÍA JOSÉ BARROSO

Ese momento en el que estás deseando que pase lo que temes para poder llorar a gusto tiene algo de heroico. Recuerda a los legendarios guerreros apostados tras las murallas de una ciudad acosada por el enemigo que esperan a rendir sus armas al precio más caro. Es el único momento en que puedes predecir el futuro con toda seguridad y aguardar la llegada de la tragedia para rendirte, por fin, para dejar que corra el torrente de angustia, sin parar, para dejar que la pena se diluya en lágrimas y el corazón se acomode de nuevo en el pecho.

Es ese momento en el que descubres que el enemigo apostado tras la muralla se llama incertidumbre y tiene la fuerza de mil caballos desbocados corriendo sin rumbo por un páramo desierto. Tiene el empuje suficiente para relegarte a un rincón silencioso, donde ya sólo se escucha el sonido de todo lo que la incertidumbre es capaz de inventar, donde ves con claridad todos los miedos imaginables que se perfilan en tu mente, donde se acaba todo lo posible y las soluciones agonizan, estériles. Pero toda resistencia tiene un fin; nada aguanta eternamente. Y sabes que acabará ese momento en el que temes que tu madre muera, te echen del trabajo o te corten la luz. Y esperas a que acabe la impotencia de no poder ayudar a tu hijo, a tu padre, a tu amiga, a tu compañero del alma. Y te gritas cobarde, inútil, y acusas a otros, y odias a todos. Y te desesperas para nada, porque nada en esta vida se consigue sin desesperarse, resistir y después renunciar al dolor que no conduce a nada.

En esta puñetera vida que nos dan, y nos damos, ese momento nos convierte en héroes. Que nadie te diga lo contrario.

 

María José Barroso

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