Regalos, por PILAR RUBIO – #relatos

-Te tengo que contar una cosa que vas a alucinar.- Marta suspiró. Habían vuelto a dejar a Federico. Otra vez, tras un mes. No le duraban nada los amores eternos. Sus dedos apretaron innecesariamente las teclas. Su cuello se contrajo. Las letras de la pantalla comenzaron a emborronarse solas. No había tiempo que perder. Tenía que bloquear el móvil, el correo, las palomas mensajeras si tuviera. Perderse en la niebla, en el otoño. Eso o meterse una rama de madera entre los dientes y darse al whisky. Hasta que a Federico le encontrara su siguiente amor definitivo.

Se sintió una piruleta ya empezada en una tarde de verano, olvidada en una mesa en la piscina. Llena de pelos, tierra y moscas que se pegaban sin parar. Y no había ducha que le quitara aquel maldito jarabe pegajoso. Además, hoy era lunes y llovía.

A mediodía Federico invadió angustiado su despacho.

-¿Qué he podido hacer mal esta vez? Si lo he hecho todo bien, te lo juro.- Silencio al otro lado.

– Hasta ella me lo dijo, mira, te leo su último mensaje.

– No, por Dios.- El tono suplicante no sirvió de nada. Un perfecto no-sos-vos-soy-yo, muy bien escrito, un punto victoriano, se entreoía en la catarata de sonidos emitidos por Fede.

-¿Qué opinas?

– Está muy bien.

– ¿Qué?, ¿Cómo qué muy bien?, que me manda a la mierda, que me está dejando, ¿qué es está muy bien?

– Muy bien… muy bien redactado quiero decir.  -No parecía momento de análisis sintácticos- Céntrate en lo positivo, te dice que eres muy buena gente, que te desea lo mejor, que te admira… Lo de que se angustiaba cada vez que quedaba contigo es una metáfora, seguro. O era porque sentía miedo por no estar a la altura o… qué sé yo. No ha sido culpa tuya, no te rayes. Por cierto, ¿me mandas una copia? A mí no se me dan tan bien…. esos temas. Sólo por si las moscas.

– Te crees muy graciosa, ¡qué maja eres! Te digo que estoy hecho puré, jodido, machacado, ¿qué hago ahora?

– Lo primero, sugiero, centrarte. Llevabas con ella un mes y estabas lleno de dudas ¿no? Que si era muy estrecha, que se quería marchar, que estaba gorda…..

– ¿Dudas? Tú eres tonta, no tienes ni idea. ¿Qué dudas? Era la mujer de mi vida y punto.- En el techo del despacho de Marta hay dos salidas de aire acondicionado, inhalar-exhalar, bien, esto de  la respiración funciona. No parpadees Marta y mira al techo. Grises, grises y con ¿cómo se llaman esas cosas? ¿pestañas? ¿persianitas? ¿se regularán en algún sitio?

– Pero dí algo, joder, que para eso eres amiga mía.- Pelos, muchos pelos, triste destino el de las piruletas. ¿Por qué la pensaría de fresa?

– No tienes la culpa, tú tranquilo.- Otras veces había probado otros caminos, sin salida.

– Eso es verdad. He sido un caballero. Fíjate que estaba dispuesto a irme con ella. Se lo dije. Yo dejaba el trabajo y la seguía. Con lo que ella cobraba vivíamos los dos la mar de bien. Y yo en casa, estudiando y buscando trabajo. Y esperando que ella llegara para alegrarle el día, Tú ya me entiendes.- Fede puso su sonrisa especial, esa sonrisa.

-¿Se lo contaste así?

– Pues claro, ya sabes lo directo que soy.

– Y ella ¿qué dijo?

– Nada. Yo creo que es algo tímida. Y estrecha. Ya sabes como sois las tías. Bueno tú no, que eres muy burra. Las normales.- Qué asco de vida. Qué mal rollo lo de las piruletas ¿Y si fingiera un infarto? No, no. Era improbable pero a lo mejor intentaba socorrerla. Igual tenía razón el test ése de asertividad. Tendría que empezar a practicar, “eres un plasta” “esto no hay quien lo aguante”, se recitó.

– Perdona Fede, voy un momento al baño.- De momento es a lo más que llega. Pero aún conserva la esperanza. Es importante.

A través de la puerta escuchó la voz de Fede en ininterruptus:

– Y eso que todo iba genial, me hizo un regalo y yo a ella otro.- Música de terror en la cabeza de Marta.

– ¿Regalo? No me lo habías contado.

– Sí. Me trajo una corbata de un viaje que hizo. Estaba bien. Aunque el color, bueno, era muy triste.

– ¿Y tú qué le regalaste?

– Me la puse el último día que nos vimos. Y se lo dije. A pesar del color.

 

manso cruzadas2

Pilar Rubio

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