Reflejos en el cristal veneciano – por PABLO RODRÍGUEZ CANFRANC

Dirk Bogarde nunca más volvió al Lido
ni sintió el aliento de piedra y canal
de los dos leones del Arsenal:
no volvió sobre su paso perdido.

Sin embargo, mucho tiempo después
al cerrar los ojos en la penumbra
un sol radiante su mente deslumbra
e incendia sus venas hasta los pies.

Y cuando el ojo ardiente de San Marcos
le devuelve a la playa despejada
con las figuras distantes de los barcos,

Dirk Bogarde puede ver recortada
en el cielo veneciano estival
una silueta alta y estilizada.

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Pablo Rodríguez Canfranc

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