Raúl y la torrentera – por PEDRO PABLO MIRALLES

Ni los más viejos recordaban una tormenta de agua de esa envergadura, llovía a cántaros y prácticamente todo el vecindario se asomaba sinuosamente por las ventanas, pensando que la inundación del pueblo estaba cantada y, como siempre, ni las autoridades municipales ni el gobierno habían cumplido sus promesas de limpiar el alcantarillado y de construir unos canales por el cauce antiguo del río porque la mayor parte del año estaba casi seco.

Raúl se decidió a asomarse a la calle para hacerse cargo mejor de la situación y la torrentera de agua irrumpía sin piedad por todas partes, inundando las casas y arrastrando todo lo que encontraban por el camino. La planta baja de la casa de Raúl estaba algo elevada sobre el nivel de la calle, había que subir una escalera metálica de tres metros.

Las sirenas de los bomberos, ambulancias y guardia civil no paraban de sonar. Al cabo de unos minutos vio surcar a gran velocidad sobre las aguas encrestadas, a pocos metros donde se encontraba, dos personas que se agarraban de forma desesperada sin poder pedir auxilio. Ambos cuerpos se perdieron rápidamente al fondo de la calle. La desesperación y angustia de Raúl era indescriptible. Y a los veinte minutos, otro cuerpo veloz con la cabeza boca abajo entre las aguas y el barro y, al poco otro, otro y otro.

Al anochecer pudo escuchar por la radio local que el número de fallecidos ascendía a diecisiete y el de desaparecidos se calculaba no bajaría de una veintena. Ese era el balance provisional de la gota de agua fría de este año, con cifras de víctimas y daños materiales como nadie recordaba. Con dificultades y corriendo algún riesgo, Raúl se dirigió entre barro y agua al edificio del ayuntamiento en la parte alta del pueblo, donde se aglomeraban vecinos y autoridades, logró llegar donde estaba el alcalde y algunos concejales, con su vozarrón pidió silencio y gritó con toda su alma, “un año más, lo habéis conseguido, ¿dónde está el dinero de las obras de canalización del cauce natural del río?, ¿por qué tanta inmobiliaria de pisos, muchos abandonados y sin terminar? ¿Quién va a devolvernos a nuestros vecinos ahogados y desaparecidos?

Ante el asombro de los asistentes y sin haber finalizado su intervención, sacó del bolsillo derecho de su chaquetón un cuchillo doméstico de pequeñas dimensiones y asestó a la desesperada unas cuchilladas alocadas con el deseo de alcanzar al cacique constructor de viviendas en el cauce fluvial, al alcalde y miembros del gobierno que se habían desplazado en helicóptero para tranquilizar a la población. Cuando Raúl se despertó con el cuerpo magullado a golpes, se encontraba tumbado sobre un listón de madera, solo veía unas paredes altas con humedades y unas rejas desde las que observaban tres conocidos guardias civiles que le ofrecían un cubo de agua y unos trapos para limpiarse, que él rechazó  con voz tenue y cortésmente. Los guardias añadieron, “siempre has sido buena persona y todos los sabemos, eres bueno en todo menos con ese cuchillo de cocina que has utilizado, tranquilo Raúl que, aunque de casualidad, no has matado a nadie, arréglate un poco que ahora te tomamos declaración y te llevamos pronto al juzgado”.

 

Inundaciones en Valencia. Octubre 2018. Fuente: Valencia Plaza

 

Pedro Pablo Miralles

Pedro Pablo Miralles Ha publicado 187 entradas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *