¿Qué sería de la música sin músicos? – por PEDRO PABLO MIRALLES

Hoy os presento a José Escobar, arpista donde los haya por vocación, buen amigo, siempre con un gesto sonriente que se agudiza de forma delicada cuando toca el arpa, se nota que siente la música. Artista y músico de los de verdad, controla a las mil maravillas ese instrumento endiablado de más de 30 cuerdas, tan difícil de afinar como de tocar, que al llegar a su lugar elegido para que de él salga música, lo hace reposar en el suelo con elegancia y suavidad.

Como todos los músicos que actúan en la calle, parques y jardines, tiene delante suyo en el suelo un recipiente, que en el caso de José es de plástico azul y allí dejan los viandantes de forma intermitente algunas monedas, unos más altruistas o generosos que otros e incluso los hay que, muy de tarde en tarde y no todos los días, depositan un billete verde de 5 euros y en alguna ocasión hasta uno rojo de 10.

José sobrevive con esos modestos ingresos, pero os puedo asegurar que es más feliz que la mayoría de los que pasan a su lado dejando alguna moneda o simplemente pasan sin detenerse aunque observan por el rabillo del ojo, no se sabe si por asombro, admiración, envidia, perplejidad o vaya usted a saber lo que pasa por esas mentes porque, como dijo Rafel “El Gallo”, “hay gente pa’ to’ ”.

 

Mi amigo José Escobar con su arpa – Fotografía de Pedro Pablo Miralles

Pedro Pablo Miralles

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