Puertas – por HAYDEE NILDA

Una puerta se abre cuando entras,

se cierra cuando sales

por la dieta del día

oculta en los mostradores.

Pasas la vida cruzando puertas de pino, de cedro,

color caramelo, color chocolate;

porque se abren solas

en momentos puntuales.

Mejor si tienes la llave o tarjeta de visita,

entonces las puertas se abren silenciosas

y no cabes de gozo en el puñado de tu caja secreta.

Pero aprietas el paso

cuando te quedas en blanco

y tocas y tocas

una, dos y más puertas hasta el cansancio,

aunque sus articulaciones gastadas,

griten su enfado con chirrido metálico,

viejas de extender su ala de madera

u hoja metálica…

Entonces miras desde la calle

esas hojas cerradas,

inmutables,

hastiadas de ti, de tus olores

a contenedor callejero,

de tus ojos de cuervo, de rata,

de animal humano;

y te convences que solo una queda abierta,

aquella que al cerrarse

se convierte en muro de cementerio.

 

clementia portada6

Haydee Nilda

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