Primera crónica de las cenas en familia – por ELENA SILVELA #misescritos

Amalia tiene novio. Dice que se han prometido. Se llama Bruno, es un ferretero pronador (por oposición a supinador), es crucerista por afición y le ha regalado a su futura un solitario de brillante de plástico que da el pego. Por supuesto, esa historia durará tanto como se prolongue la cena familiar en que estamos.

El tema de los pronadores parece banal, pero no. Uno de los comensales, Charles, es “runner” y las tertulias acerca de fisioterapias surgen con facilidad. Creo que últimamente nos apasionan. Pronador y supinador son términos que salen a debate entre nosotros con frecuencia. Especialmente la palabra “pronador”. De eco un tanto vulgar e incitadora a esa risa fácil tan básica para la relación familiar estrecha.

Claudia se sienta con pose elegante y despliega el mercadillo: enseres varios de los que se despoja y reparte entre las mujeres. Al tiempo, pregunta a Charles sobre unas calderas de condensación que no está dispuesta a instalar en su casa, por precio e incomodidad. Pero ella pregunta. Ella pregunta. Como si se tratara de una encuesta universal. Amalia ha intentado por todos los medios que el tema no saliera en la conversación. Sin éxito. Las calderas de condensación, a Dios gracias, tienen escaso glamour y la conversación da poco de sí.

Charles intenta recordarme la existencia de un novio de adolescencia al que no logro ponerle cara o nombre. Tampoco ninguno de los presentes lo consigue. Charles insiste. Existió. Intenta que nos acordemos de un episodio a propósito de un pipa de abolengo. Nada. En blanco. Charles vuelve a la carga. Fue un novio que tuviste después de Jorge, me increpa con los ojos bien abiertos y esa expresión de quien está viendo la imagen del novio con claridad, en tiempo, color y forma. Yo -muy de familia esto que paso a relatar-, ya me he ido mentalmente a otro rincón ajeno a la conversación. Ha osado nombrar a Jorge. Mi adorado Jorge, mi novio platónico. Mi sagrado Jorge. Los años siguientes me figuran en blanco. El siguiente novio, si lo hubo, está en mi cajón de amnesia.

Por supuesto, tratamos el tema estrella. Lugares idóneos para hallar marido. Amalia ya se ha despojado de la imagen de Bruno el ferretero pronador y vuelve a sus trece: encontrar novio de estirpe para que asista a nuestras reuniones familiares de Navidad. Se realiza cronograma de acciones para lograr el objetivo. Incluye salidas, asistencias a actos multitudinarios y otras mamarrachadas que listamos con enorme soltura. Intentamos plantear un paralelismo de actividad con Charles, quien nos para de inmediato, no piensa quebrantar su soltería. Es posible que sea el más listo de todos.

Lo anterior es una noche de muchas. Son cenas de familia, de mantel y servilleta de hilo. Todo de colores suaves y ambiente muy, muy cómodo. Se celebran periódicamente y nos une a todos un apellido que empieza por “S” y no es Silvela. Nos hemos reunido en infinitas ocasiones. Nos conocemos uno a otro mucho y, aún así, nos gusta volver a vernos. Una suerte de magia familiar por la que uno ha de estar agradecido a la vida.

 

Elena Silvela

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