Preguntas a Adolfo Bioy Casares – por RUBÉN LOZA AGUERREBERE

Conocí a Adolfo Bioy Casares y dialogamos en varias oportunidades en su Buenos Aires y en mi Montevideo. Una vez le hicieron un homenaje, por el Premio Cervantes, y viajó a Montevideo; en ese almuerzo, tras los discursos, me sentaron junto a él. Recuerdo que se quitó el jersey porque los demás estaban muy elegantes, me dijo, y como no sabía qué hacer con él, me lo dio. Lo dejé en el respaldo de mi silla. Al despedirse, vi el olvidado jersey y se lo alcancé. Tiempo después, con este detalle y Bioy de protagonista, escribí un cuento, publicado en uno de mis libros. No lo leyó.

Bioy Casares descubrió muy temprano su amor por las letras. Escribió su primer libro a los nueve años, para atraer la atención de una prima suya, de la que se imaginaba enamorado. A esta obra infantil la siguieron varios libros juveniles. Apadrinado por Borges, luego dejó el tenis y sus aspiraciones de ganar el “Roland Garros”, dedicándose a la literatura. Y en 1940 escribió “La invención de Morel”, un clásico de las letras fantásticas. Prologada por Borges fue premiada en la Argentina y tuvo inmediata traducción al francés y el italiano, dándole rápida fama internacional.

Recojo, seguidamente, sus palabras sobre la literatura, sobre la escritura y sus propios cuentos fantásticos.
Siguen mis preguntas y sus respuestas.

Le pregunté cómo se debía escribir y me contestó:

-Me parece que se debe escribir con palabras sencillas, que el lector no diga qué inteligente que es este autor, qué culto. No, eso no. Lo bueno es que lea el libro sin notarlo, que lo haga naturalmente y que entienda lo que uno dijo y nada más.
-¿Y qué es un escritor?
-Un escritor es una especie de remendón que hace todo el trabajo. Haciéndolo mal, primero, y matándose para hacer bien, después. Corrigiendo, leyendo buenos autores, tratando de no leer malos libros nunca. Y así se hace un escritor.
-¿Cómo influye un buen libro?
-Cuando usted lee un libro bueno va a sentir que puede escribir como él. Y cuando lee un libro malísimo va a sentir que puede escribir como él, pero eso va a pasar enseguida. Pero si uno no sabe cuando un libro es malo, no puede escribir. Uno se va dando cuenta paso a paso: si un individuo está diciendo idioteces, descuente que el libro es malo. Si lo que está diciendo está bien y parece razonable, bueno, entonces está un poco mejor.
Le pregunté por sus cuentos fantásticos.
-Naturalmente que el “yo” de mis cuentos no soy yo; y las ideas fantásticas no son mi vida. No sé por qué se me ocurren siempre cuentos fantásticos, aunque no crea que me gusta más la literatura fantástica que la otra…
-¿Y una vez que los escribió?
-Bueno, yo no estoy interesado en ellos porque han salido de mi esquema. Pero me gustaría sentirlos más ajenos aún, porque al corregir las pruebas, por ejemplo, veo todas mis manías, todas mis costumbres, y yo creo que estoy escribiendo una cosa nueva y veo que la había escrito ahí… Eso de genio y figura hasta la sepultura, es la pura verdad.

 

 

Rubén Loza Aguerrebere es un escritor, periodista y crítico literario uruguayo. Su extensa actividad en el diario El País de Montevideo comenzó en 1976, escribiendo como columnista de libros y opinión. Ha sido colaborador del suplemento literario de los diarios madrileños ABC y Estrella Digital, de las revistas españolas Hermes, Época y Turia, de las argentinas Proa (fundada por Jorge Luis Borges), Letras de Buenos Aires, Perfil y La Gaceta de Tucumán. Sus libros de cuentos han sido publicados en Montevideo, Buenos Aires, Madrid y Bilbao. Sus relatos figuran en numerosas antologías Iberoamericanas y, traducidos al inglés, en antologías estadounidenses. Sus novelas, publicadas en Uruguay, Argentina y España, han merecido elogiosos juicios de Mario Vargas Llosa  Antonio SkármetaClaudio Magris y Raúl Guerra Garrido.

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