Postales desde la Santa Madre Rusia – por PABLO RODRÍGUEZ CANFRANC

Y los zares levitan sin control  aparente próximos a las arañas,
los galones al viento como estandartes

y los cañones del Aurora dibujan formas en la mañana helada
que asemejan versos cirílicos desconsolados

y el tanque de Lenin se aparece en las noches sin luna
como una mole silenciosa bajo el cielo enladrillado

y Kerenski y el Príncipe Lvov aparentan despreciar la poesía
pero no pueden ocultar una lágrima furtiva de emoción

y los misiles conviven con las amapolas en los campos desiertos
a pesar de las limitaciones evidentes de la balística

y aunque el soviet nunca ha leído a Tolstoi, ni a Chejov, ni a Bulgakov
a nadie se le escapa la ruda tristeza de los muros del Kremlin

y hay un encofrador de piel como el centeno que se llama Vladimir
fumando en pipa justo debajo del bigote de Stalin

y el Moskova volverá a bajar congelado como un glaciar de temporada
aunque los peces no entiendan nada de revoluciones

y el general Kornilov se ha perdido en la tundra con su columna golpista
que parece una caravana de espectros en busca de cementerio

y, en suma, cuanto más se aleja uno de la hermosa  ciudad de Moscú
más amenazadoramente cerca aparecen las cúpulas de San Basilio

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Pablo Rodríguez Canfranc

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