Por una sonrisa – por RAFAEL DE LA TORRE

Está ahí como un geranio ajado, uno más en su ventana.

Está a la ida, y a la vuelta; y a la siguiente ida y vuelta sigue allí, en el tragaluz del entresuelo. La distingo siempre que paso ahora que sé que donde, cual camaleón camuflado, acecha incansable. Se mantiene inmóvil casi a nivel de calle, inmóvil, mezclada con sus macetas de colores sobre una fachada gris cargada de cables, tuberías de gas y aparatos ilegales de aire acondicionado. Imagino sus ojos saltones, multidireccionales.

Me armo de valor y me fijo en ella con descaro. Sesenta y muchos, setenta y alguno quizá. De fondo oigo una radio firme en el último dial donde cayó por accidente: la Cope, Radio María, Kiss o los 40; la Ser u Onda cero. Da igual. Ella no escucha, sólo mira. Falso, ni mira. Mantiene la vista perdida en el vacío, en un mundo extraño limitado por el muro de un colegio en la acera contraria y hasta esa cota observa sin atención el resto de las vidas —las de los transeúntes anónimos— con el mismo desinterés que ignora la suya.

Puestos a elegir es tan aburrido como tragarse los programas de la tele aunque mucho más agradecido. A veces algún actor, vecino o transeúnte, saluda al pasar. Entonces, por un momento, se sabe acompañada y sonríe agradecida.

 

Rafael de la Torre

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