Por si acaso – por EMILIA MARTÍNEZ RUIZ #microrrelatos

Siempre que iba a emprender un viaje, largo o corto, por trabajo o turismo, dentro o fuera del país, sola o acompañada, elaboraba una lista exhaustiva de lo que podía salir mal, todo según ella, y lo que debía hacer en cada caso. Sus familiares y amistades más íntimas estaban al corriente de esa costumbre suya, y cuando anunciaba su propósito de viajar le preguntaban qué podría sucederle esta vez. Les detallaba los supuestos por si había pasado alguno por alto, y le aseguraban que lo había previsto todo, su intención no era darle ideas sino tranquilizarla. Ella atribuía a las precauciones adoptadas gracias a la lista que nunca le hubiese ocurrido nada desagradable en sus periplos, ni haber encontrado desvalijado su apartamento a la vuelta.

Regresaba de su último viaje muy cansada y se quedó dormida en el avión, al despertarse en plena navegación aérea era la única persona del pasaje que quedaba a bordo. El vuelo era directo, que hubiese sido preciso desalojar a la gente haciendo una escala no programada, sin que ella se enterara ni le avisaran, era improbable. Durante el resto del trayecto no volvió a ver al personal de cabina, aunque lo llamó y buscó de un extremo a otro de la aeronave, y los altavoces permanecieron mudos; la idea de que nadie tripulara el aparato y estuviese completamente sola en él, le pareció inverosímil.  El aterrizaje no se anunció, y cuando se abrieron las puertas no había auxiliares de vuelo junto a ellas para despedirla. Mientras se dirigía a la sala de recogida de equipajes a por el suyo, comprobó  que el aeropuerto estaba desierto, iluminado únicamente por algunas luces de emergencia, sus tacones resonaban con un eco ominoso por largos pasillos vacios. En la sala no había personas ni equipajes, excepto su pequeña maleta roja, solitaria,  dando  vueltas  en la cinta, la rescató y salió del edificio perpleja. Una vez fuera, vio el ajetreo habitual en un aeródromo: viajeros yendo y viniendo presurosos arrastrando sus bagajes, autobuses y coches. El conductor del taxi que cogió le contó cómo habían ido las cosas por la ciudad y el mundo durante su ausencia, dedujo que no había sucedido nada en ningún avión ni en el aeropuerto. No podía explicarse la situación que había vivido, por más vueltas que le dio, ni mucho menos haberla previsto.

Anoche cenó con una amiga, en breve viajarán juntas en El Transiberiano; su amiga, viéndola  tan despreocupada, serena, y sin una lista interminable de por si acaso, no salía de su asombro. Y el notario ante el que ella esa misma mañana otorgó su insólito y minucioso testamento, tampoco.

 

desde-el-avion

Las dos Castillas

Las dos Castillas Ha publicado 2909 entradas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *