¡Por fin sola! – por PILAR RUBIO

¡Por fin sola! Menos mal que me gusta el asunto del yoga. Podría estar horas mirando las moscas que pasean por el techo de la habitación sin pensar en nada. Bueno, en nada no, más bien en la idea que tienen en este Hospital sobre la higiene. Pero ya terminó. Ya se embarcó Alvarete hacia Madrid, muy triste por Corito, y por marcharse solo. Le cuidarán bien en el avión, eso lo sé. Y allí le esperan. Además, se enamorará de la primera azafata que esté buena. ¡Y tiene cinco años el pequeño cabrón! La familia no parece que se vaya a extinguirse con él.  Es más probable una diseminación por varios continentes si nos sale viajero. Lo que me costó quitarle el dibujito. ¿Cómo iba yo a entender qué pintara a Corito, tan mona ella con su pijama blanco de enfermera, de entrada sin pijama, después con ligueros, medias de rejilla, tacones de aguja y un corsé? Y el tío empeñado en meter el papel por debajo del mostrador en el control, lleno de corazones de Alvaretes traspasados de amor. Y cuándo le pregunto: “¿Pero niño, de dónde sacas esto, si la chica no va vestida así?”. “Bueno”, me dice, “pero está mucho más guapa. Lo ví en un cartel en la parada de autobús. A papá también le gusta, se queda mirando todas las mañanas cuando me lleva al cole”. Mi foco de interés, claro, varía “¿papá?”, “sí, si hasta tropezó el otro día con la acera por mirar el anuncio”. “Ah, vaaya, hmmm”. Luego a Corito le extrañará verme algo acalorada y me pondrá rápidamente el termómetro por si me ha vuelto a subir la fiebre. Pero no es eso, y ya va parando la hemorragia.

 

No fue tan malo quedarme en vez de volver a Madrid sangrando sin parar, a pesar del berrinche cuando me lo prohibieron por el riesgo. Aunque aquí tengan costumbres pintorescas. Por ejemplo las moscas. O la exagerada cortesía. No he visto antes que a una enferma dentro de un quirófano, con gorro, medio sedada y en pelotas, la hagan levantar, le presenten a la nueva directora del hospital, que además le coloque dos besos y le pregunte por la familia y la carrera. Sólo pude pensar: “Santo Dios, que no vengan detrás los de la tele, que a mi padre le encanta ver Canal Canarias”. Hecho esto, que un listo comente, eso sí muy amable, tu falta de juicio al firmar un papel. “Pero ¿por qué lo has firmado sin leer?”. “¿Tú no me has visto? ¿Si no lo hago no me operas, y qué?”. Claro, ahí se calló, y decidió que me durmieran. Que siempre he estado más guapa anestesiada.

 

Chema entra en la habitación con un aire algo triste. Toma mi mano y dice “No te preocupes, el médico ha dicho que podremos intentarlo de nuevo en unos meses”.

 

Veremos, yo creo que antes me compraré un corsé.

Bright lights at the end the hospital corridor. The concept of l

Pilar Rubio

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