POP-ROCK: Ryan Adams – “Ryan Adams”

Adams2A pesar de que el uso de un título homónimo suele ser propio de la opera prima de un artista, el disco que nos ocupa supone nada menos que el número 14 en la carrera de Ryan Adams (más o menos, sin contar nuevas ediciones de discos ya existentes). Representa su vuelta al estudio tras tres años de silencio discográfico desde Ashes & Fire de 2011.

De naturaleza tan inquieta como prolífica, pues ha llegado a lanzar hasta tres discos en un mismo año, Ryan Adams saltó a la fama con el magnífico Gold de 2001, un álbum de clara influencia setentera que dejaba atrás el country alternativo que había practicado con su anterior banda, Whiskytown. Su carrera se extiende a lo largo de más de una decena de discos entre los que destacan Love is Hell (2004), Cold Roses (2005) o III/IV (2010), entre obras bastante sólidas en su mayoría.

Parece ser que el disco que nos ocupa comenzó a gestarse en 2012, tras la gira de Ashes & Fire (2011), pero una serie de circunstancias retrasaron su grabación. De acuerdo con declaraciones del propio Adams, paró la creación de la presente obra deliberadamente porque no se sentía cómodo grabándola como lo había hecho con su predecesora, Ashes & Fire; tenía la sensación de que había que enfocarlo de otra manera.

De esta forma, Ryan Adams comienza a grabarse en 2014 con la coproducción de Mike Viola, amigo y socio de Adams, en el estudio analógico PAX AM, que el artista describe jocosamente como “el Halcón Milenario”, suponemos que por el aspecto vintage de las instalaciones.

Es un CD en el que el autor hace un homenaje a las bandas de punk y post-punk que escuchaba en su adolescencia, grupos como The Replacements, Husker Du o The Wipers. Y efectivamente, el álbum tiene ese sonido guitarrero y ese ritmo, insistente, sin demasiadas concesiones a la melodía, que caracterizaba a ese tipo de bandas ochenteras.

Los temas del disco mantienen una base rítmica enérgica muy parecida y una guitarra eléctrica onmipresente. Se salen algo de la norma el romanticismo obsesivo de Kim, la desnudez acústica de la bella My Wrecking Ball y Tired of Giving Up, que recuerda a aquellas canciones del álbum Love is Hell que llevaban la guitarra genial de Johnny Marr de The Smiths.

Ryan Adams se crece en los tiempos medios, como en Let Go que cierra el disco, haciendo en este caso entrega de canciones más interesantes que con las piezas más aceleradas, quizá deudoras de excesivos lugares comunes.

En resumen, es un buen disco pero en la segunda división de la discografía de Adams, sin alcanzar las cimas de obras como Gold, pero interesante de escuchar.

Pablo Rodríguez Canfranc

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