POP-ROCK: Imelda May – “Tribal”

ImeldaLa tribu rocker está de enhorabuena: Imelda May tiene un nuevo disco en el mercado y está de gira promocionándolo. De hecho, aunque ya estuvo en España antes de verano, vuelve a nuestro país a finales de este mes con conciertos en Bilbao y Madrid.

Tribal es el tercer disco de larga duración de la dublinesa y supone un bombardeo de rockabilly acelerado como el que caracterizaba a los dos precedentes. Las guitarras afiladas, la potente base rítmica y el brillante desparpajo con el que canta Imelda son un cóctel energético que retrotrae al rock primitivo de la Sun Records y a ilustres discípulos de Eddie Cochran como los Stray Cats.

En la actualidad Imelda May combina la promoción de Tribal con los cuidados de su hija recién nacida y como ella misma reconoce, el bebe suele elegir dormirse tarde precisamente las vísperas de las grabaciones y entrevistas que tiene concertadas su madre, lo que nos da una idea del grado de agotamiento que debe sobrellevar la cantante irlandesa, cosa que no deja entrever la energía que derrochan las pistas.

Para la grabación de esta obra Imelda ha contado con su banda de siempre: su marido Darrel Higham a la guitarra, Al Gare al bajo, Steve Rushton a la batería y Dave Priseman combinando la trompeta con la percusión. A diferencia de ocasiones precedentes, en este caso no ha contado con músicos invitados y se ha ceñido a destreza de su grupo, que no es poca.

El sonido perseguido en Tribal se basa en desenterrar toda la crudeza del rockabilly y de paso mezclarla con un cierto espíritu punk que emana de las influencias musicales de la adolescencia de Imelda May: nombres como The Clash, Violent Femmes, Undertones o The Cramps. De alguna forma se cierra un círculo, pues como reconoce la propia May, estas bandas a su vez recibieron influencias del rockabilly. La inclinación que siente esta diva rockabilly por la década de los ochenta quedó bien patente en la versión del clásico de Soft Cell Tainted Love que incluyó en Mayhem, su lanzamiento de 2010.

En paralelo, con este álbum la banda intenta reproducir en el estudio la fuerza y el sentimiento de sus actuaciones en vivo.

El proceso creativo de Tribal ha sido tan prolífico que Imelda May se presentó a grabar con 22 canciones, que en una primera criba quedaron en 18, de las que finalmente han entrado en el disco 12. Confiesa que no piensa dejar las desechadas para una siguiente entrega de larga duración y que probablemente vayan apareciendo como bonus tracks en iTunes y en las distintas ediciones nacionales del CD; algunas incluso podrían acabar en un EP.

Tribal se abre con dos aceleradas piezas de corte rocker, la que da título al disco y Wild Woman, psychobilly en estado puro, pero con la tercera cambia de tercio en la saltarina y pizpireta It´s Good To Be Alive, un temazo que demuestra que se puede hacer una canción pegadiza y mainstream sin abandonar los cánones del rocanrol puro.

Uno de los mejores momentos del disco viene de la mano de la balada sesentera Little Pixie, que está basada en un poema que el hermano de Imelda escribió a su sobrina recién nacida, y que la madre ha convertido en una bellísima canción que evoca el sonido del joven Ricky Nelson.

En cualquier caso, y a pesar de sus influencias más que evidentes, Imelda May no se enroca en los clichés del rock clásico y exhibe un amplio abanico de registros, como Gypsy In Me, que recuerda a los aires más oscuros de Tom Waits, o Wicked Way, que no desentonaría dentro del repertorio de Nick Cave.

En suma se trata de doce temazos imprescindibles de uno de los grandes valores del rock europeo actual. Un disco más que recomendable.

Pablo Rodríguez Canfranc

Pablo Rodríguez Canfranc Ha publicado 921 entradas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.