Poeta ausente – por FERNANDO REVIRIEGO #relato

Poeta ausente de mirada perdida. Sonríe por momentos como si entendiera. Quizá si entienda. Yo no lo se.

Sentado junto al mar. Conmigo, los dos.. Junto a este mar azul y claro que nos acuna. Mira pero sin mirar; forzada sonrisa en instantes que asemejan lejanas ínsulas. Sonríe. Ya no. Fue apenas un instante.

Mueca desesperanzada; como arrancada tristeza de sus antiguas musas que siguen danzando a su lado. Quizá las vea. Quizá no.

Hace tiempo que le perdimos en una bruma oscura de una pesadilla de la que cada día queremos despertar y despertarle. Le seguimos buscando en esa niebla, como si fuera un mal sueño después de una noche de excesos.

Una pesadilla que empezó sin todavía intuirlo cuando sus palabras comenzaron a caer sueltas.. pero lejanas.. Como pequeños olvidos tontos, al principio incluso graciosos, mas que luego socavaron terribles huecos.

Horadados pozos sin fondo, vastos y oscuros, donde el poeta ahora reposa.

Antiguo trovador con palabras perdidas que vaga sus mañanas en juegos infantiles de formas geométricas, colores y letras..

Poeta que sonríe con ojos que brillan un fugaz instante para volver a apagarse. Un segundo en que las palabras parece que surgen nuevamente ante él para que juegue.

En ese instante comienzo a soltarle palabras y más palabras como esperando que las coja como una paloma y juegue con ellas volviendo a ser quien era: mariposa..  inocencia.. umbral.. enigma..luciérnaga.. arbusto… manantial.. ternura.. embriagar.. lobezno.. Tilonorrinco.. Espiritrompa..

Por un segundo fugaz pienso que trabaja con ellas como en uno de esos legos que me trajo vestido de Rey mago, con aquella barba raída que apenas se mantenía pegada unos segundos. Como armando endecasilabos o alejandrinos.. que no paran de danzar.

Versos hermosos que cabalgan de nuevo en el eco de su cabeza, aunque sean sólo para él.

Pero no se si es lo que sueño, o lo que quiero soñar mientras acaricio su hombro. Sin saber siquiera si ya lo nota. Ni siquiera se si sabe quien soy.

Pero yo sigo sintiendo su caricia en mi mejilla. Sus manos grandes, calientes, protectoras en mis noches de miedo. Oyendo sus pasos en la noche cuando le llamaba.

Le acaricio ahora pero me nota extraño. Creo. No se. Ya no se nada. Sólo que le acaricio. Por un momento sonrío.  

Quién sabe que sonetos compondrá ahora.

¡Sí. Compone, si¡

Quisiera estar con él ahora. En su mundo, en sus sueños. Que volviera a decir mi nombre sabiendo quien soy.  Poderle mirar y que me mirara sabiéndolo de verdad.

Un niño que ya no es niño. El niño es él y ahora lo cuido. Lloro. El sonríe. O no. No se. Ya no se nada. Como él.

Tengo miedo, tengo angustia. Una quemazón que no se apaga en mi pecho y que me devora.

Mi poeta, mi trovador. Sus manos grandes y calientes desaparecieron hace tiempo. Las cambiaron por otras huesudas, frías, inertes. Casi sin movimiento. Como su mirada hueca.. casi fria….

Aunque sonríe. O quiero creer que sonríe. Le vuelvo a regalar palabras susurradas en el oído. Palabras que ya no entiende. Palabras que ya no sabe, pero quiero soñar que con ellas en la luz de su cueva volverá a componer, está vez solo para él, hermosas poesías.  O quizá cuentos. El más precioso de los cuentos. O la más tierna de las nanas.

Quisiera volver a ser niño entre sus brazos. Sentir su calor y su fuerza. Mi poeta destronado. Mi poeta ausente..

Se ha hecho tarde. Es hora de recoger las cosas. Toallas, sillas y cremas. Le ayudo a levantarse. Sonríe.. o no…

Mira al mar una última vez antes de montarse en el coche. No está conmigo. Le veo danzar sobre las olas suaves de la tarde, con el sol apagándose, entre hermoso y melancólico, en la distancia. Vuelve en sí.. o no..

Pone su mano en mi hombro sin decir una palabra y un escalofrío me recorre cuando giro la llave y tomo el camino de casa. Parece tranquilo, como si supiera donde vamos. Quizá lo sabe.. no se. Hace tiempo que yo tampoco se nada.

 

poetaausente

Fernando Reviriego

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