Plomo oscuro – por MARIBEL MONTERO

Tapas a medias tu rostro con sombreros
te embriagas de luces fugitivas
te envenenas de amores desbocados
y las uñas quebradizas
los solsticios de invierno
se disparan en todas direcciones.
Con un calambre en la nuca
empieza a tomar forma una idea
y acto seguido la descartas.
Entretanto
el aire frío huele a humo
como un sueño agradable.
Sin que lo adviertas.
Es un círculo vicioso,
no intentes hacerte la importante
porque no va contigo.
Las cosas sencillas y obvias
resbalan en amarillos culpables
en fachadas espléndidas que esconden
gelatina y hormigas capataces.
Dónde te has equivocado
si lloras detrás de las cortinas
si te revuelves furiosa
tendrás instantes de paz
ramilletes marchitos en el salón
y esas ropas de señora que te dejan espesa y grave;
te quema la lengua
y jadeas porque estás perdida
esa sensibilidad descarnada
esos hígados opacos
hacen que te pique la piel bajo la camiseta con estrellas.
Entiendes la pregunta,
la principal, la que siempre te haces y requiere una respuesta
edulcorada,
y te sudan las axilas
cuando piensas en tu madre muerta
y sabes que hay muros sin timbre en los páramos
y ese eléctrico susurro que aúlla en tus oídos
como plomo oscuro que desgasta.

 

Maribel Montero

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