Pequeñez – por ENRIQUE MARTÍNEZ RUIZ

El sol se hundía
con prisa y sin detenerse.
El agua relucía con su reflejo,
cada vez más oscura
por algunas partes
su negrura anunciaba la noche,
que llegaba convencida
de que nada ni nadie
la detendría
Las estrellas brillaban
en un cielo remoto y sin luz,
rodeado de negrura
sin más que aquellos puntos lejanos,
allá arriba, inalcanzables.
El agua negra,
como una sima profunda e insensible,
me rodeaba ominosa.
Solo se movía mi barca
impulsada por el remo,
procurando no romper
aquel silencio envolvente,
para no despertar
algún monstruo de aquellas sombras.
Un escalofrío recorrió mi espalda
al verme en aquella inmensa soledad,
y me sentí pequeño, muy pequeño,
al ver mi insignificancia.

 

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