“Patria” en LA SECTA DEL LIBRO – por PILAR RUBIO

El libro elegido, propuesto por la-que-suscribe-estas-líneas fue “Patria” de Fernando Aramburu, sensación editorial y best-seller de esta primavera de 2017.

A estas alturas creemos que todo el mundo o casi, conoce la novela de Aramburu. Y todo el mundo, o casi, la celebra como una buenísima e importante novela. Pero ahí estamos nosotros, para poner la nota discordante.

Antes que nada, tengo que decir que me asombra cuando leo muchas reseñas de articulistas de opinión y tertulianos en las que hablan del emocionante abrazo al final de la novela entre las dos protagonistas enfrentadas. Yo no he leído nada de un abrazo. O lo leí fatal o estos importantes creadores de opinión han intentado ir de cultos sin abrir el libro. No quiero pronunciarme, pero me asaltan dudas. Muchas dudas.

En nuestra Secta, aplicados como siempre, la leímos de cabo a rabo. Con el resultado de opiniones variadas, de acuerdo con nuestra natural inclinación a la discrepancia.

Casi todos estuvimos de acuerdo en la brillante técnica con la que está escrita. El manejo del tiempo, la descripción de los personajes, la utilización de los diálogos, es sobresaliente. Pero, que siempre que hay un elogio de este tipo en España hay que esperarse el “pero”, en el tratamiento de fondo del tema de la novela, los años de terrorismo de ETA en el País Vasco y la división civil que produjo, empezaron a surgir desacuerdos.

La novela, en nuestra opinión, cuenta a su favor con una buena descripción del papel de La Madre en el País Vasco, resto de una sociedad matriarcal, como deberían ser todas las civilizadas. He dicho.

También hace un análisis bastante ajustado de la situación social en aquellos años, del aislamiento y la soledad de los designados por ETA como víctimas, del corredor de la muerte en que se convertía su casa, su trabajo, esperando el momento. De la sospecha, del “algo habrá hecho”.

En lo que discrepamos unos cuantos, es en que ese análisis, inteligente, sutil y técnicamente impecable, se restringe a unas cuantas víctimas. Tomando como ejemplo un empresario anónimo, nombra después sólo a unas pocas. Y ETA fue mucho más. Mucho peor. Camareros, periodistas, políticos, empresarios, chavales de la calle, profesores, ingenieros, disidentes, policías, militares, guardias civiles, funcionarios tranquilos que iban a trabajar, gente que hacía la compra, niños y niñas que dormían en sus casas o esperaban un bus para ir al cole. Toda la sociedad estaba en riesgo por el hecho de ser. De vivir en el País Vasco o en el resto de España en esos años. ETA se convirtió en una dictadura subterránea que decidía quien vivía y quien moría en función de unos criterios secretos y arbitrarios. Que destrozaba vidas de víctimas, pero también de chavales que no sabían muy bien como acabaría aquello. Ni se lo preguntaban, no fuera a ser qué….  Recordarían a Yoyes, a Pertur, imagino.

Algunos de nosotros opinamos que falta profundidad en la novela. Complejidad en los análisis. Hubo asesinos, hubo víctimas. La psicología de las víctimas es fácil de imaginar, es la nuestra. Cualquiera de nosotros pudo serlo. Pero, a pesar del intento, seguimos echando en falta entender a asesinos. Quizá es algo imposible. A raíz de los atentados recientes en Barcelona y Cambrils, cometidos por casi adolescentes, casi integrados, o eso quisimos creer, se oyen muchas voces intentando entender. Hay quien opina que esto se acerca demasiado a la justificación, a dar razones. Por el contrario otros pensamos que es una de las mejores formas de prevenirlos. Intentar entender qué lleva a unos jóvenes, hasta entonces “normales”, a matar inocentes, desconocidos indefensos, en nombre de una idea. Y tratar de evitarlo.

También se echa de menos, en opinión de algunos, hablar del miedo. De todos los miedos. No sólo de miedos cobardes, que callaban ante un pasquín de insultos con una foto en mitad de una diana. De los otros miedos. El miedo de las víctimas, el de los asesinos, el de todos nosotros. El de los jóvenes también cuando viajando por el País Vasco, te encontrabas con un fusil ametrallador apuntando a tu cabeza a través de la ventana de tu coche. Al otro lado un policía, un Guardia Civil, también lleno de miedo.

Un tema que aborda casi de pasada, es el de las torturas y el GAL. Tema espinoso, ocurrido en unos años tan oscuros que quizá ninguno de nosotros queramos recordar. ¿Qué opinábamos entonces sobre el GAL? Si queremos de verdad hacer catarsis, superar esta historia, quizá harían falta algunos “mea culpa”. Porque, desgraciadamente, eso también ocurrió.

Terminamos preguntándonos cómo es que una novela de escritura tan compleja, y con calidad narrativa, ha podido convertirse en un best-seller. Por qué ha interesado a tanta gente de distintas procedencias, de distintas inquietudes culturales. La respuesta que nosotros encontramos, no sabemos si es siquiera cercana a la correcta, tiene relación con el sentimiento general de vulnerabilidad de la sociedad no abertzale, el resto de nosotros, esos años. También con la dificultad de comprender lo que movía a chavales “normales”, con vida y con futuro, a empuñar una pistola y matar sin dudarlo. Y por último, el Gran Interrogante, ¿por qué tantos callaron durante tantos años secundando, quizá sin querer, asesinatos? ¿Qué habríamos hecho de estar en su lugar?

¿Qué habría hecho yo?

¿Y tú, tú qué habrías hecho?

 

Pilar Rubio

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