Para que nunca te olvides de tu padre, por PEDRO PABLO MIRALLES #escritos

– Vamos a ver papá, cuando yo era pequeña, ¿jugabas y hacías planes conmigo?

– Pues claro, Adela, ya te lo he contado varias veces, desde muy pequeñita te sacaba a pasear y nos íbamos al parque, a la zona de los columpios y no parabas, lo pasabas en grande, siempre riendo, saltabas, corrías, jugabas con otras niñas.

– Mamá, que ya está muy mayor pero estupenda de salud, me dice que la ayudabas poco en casa y lo que más te divertía era ir al parque con los hermanos y conmigo, a los columpios.

– Bueno, la verdad es que no he sido muy niñero y con eso del trabajo no tenía mucho tiempo libre, pero ya sabes que tú eres algo especial para mí, desde que naciste, no sé por qué. Y no te creas que a tus dos hermanos no les quiero, a los tres os quiero igual, un padre no debe hacer diferencias entre los hijos.

– Papá, tenemos que hablar con más frecuencia. Aunque yo sea mayorcita y te haya dado dos nietos que son como si te conocieran y que se parecen a ti, me gustaría ir al parque con mamá, contigo y los nietos, todos juntos.

– Eso está hecho, lo que pasa es que no quiero ser el abuelo pesado que no deja en paz a su hija. A los nietos los quiero tanto o más que a ti si eso es posible.

– Pues a ver si este fin de semana lo hacemos, llevo unos días muy atareada y estoy harta de tanto trabajo, ya sabes lo que me cuesta que tu yerno me ayude en las cosas de la casa, en ese se parece a ti.

– Iremos juntos a los columpios y les compraré a los nietos una bolsa de patatas fritas de las buenas, de esas crujientes que a ti tanto te gustan del quiosco de Felipe.

Adela se restregó los ojos llorosos para que nadie se diese cuenta de la emoción que sentía en ese momento y, poco a poco, desapareció esa visión nublada que siempre hacía acto de presencia después de charlar un rato con su padre. Dio un beso sobre el cristal del marco de plata con la foto en blanco y negro de su padre y lo dejó suavemente encima de la mesita del cuarto de estar. Al pie de la foto había una dedicatoria que rezaba: “Felicidades por tu cumpleaños Adela, mi hija preferida, para que nunca te olvides de tu padre que tanto te quiere, Daniel. El Tiempo, 12 de julio de 1977”.

Después, antes de recoger a sus hijos en el colegio, se fue a dar un paseo por el parque, miró con nostalgia los columpios que se conservaban tal cual, compró una bolsa de patatas fritas recién hechas en el quiosco de Felipe, sonaron las campanas de la iglesia a las cinco de la tarde, el bullicio y la alegría de los niños y las niñas invadió por todas partes El Tiempo.

 

columpio

Pedro Pablo Miralles

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