Papel, por JAVIER PECES – #escritos

Muchas veces escuché eso del miedo del escritor. El terror al papel en blanco y a la sequía de ideas se asoman a mi mundo como si fueran la peor pesadilla. Pero lo pienso un momento y resulta que no. Al fin y al cabo, solamente junto estas letras para entretenerme y para retar a mi estupidez. “A ver si consigo rebajarla un poco”, pienso como quien pone gaseosa al vino.

Se puede uno quedar en blanco sin motivo aparente. Sencillamente no viene a la cabeza una idea mínimamente digna de ser escrita. O tal vez se ha quedado uno sin cosas que decir. ¿Por qué no? Al fin y al cabo, se van cumpliendo años y el paso por esta vida tampoco es para tanto. Que uno no es Gandhi, ni Gil y Gil, ni cualquier otro personaje con grandes cosas que comunicar.

También puedes estar disfrutando de los escasos minutos de silencio que el mundo moderno olvida llenarte con publicidad. Alguna directora de mercadotecnia acabará siendo culpada de ello, y por su dejadez intolerable será fulminantemente despedida, o rebajada al nivel de marketera rasa. Otra vez a organizar eventos, una semana entera sin sentarse en una silla, o a escribir notas de prensa sin ton ni son.

El bombardeo de información es tristemente adictivo. Ya no podemos pasar diez minutos en casa sin el ruido de fondo de la tele, ni podemos entregarnos al dolce far niente sin ser censurados por ello. Se nos ha inculcado que hay que producir, consumir y pagar sin freno ni medida, aunque ello lleve a parte de la población al endeudamiento, al precontencioso, a la morosidad y, por fin, al embargo de todos nuestros bienes.

No somos capaces de imaginar un mundo contemplativo, que nos otorgue tiempo para parar a disfrutar de las maravillas que alberga. Tampoco concebimos un mundo colaborativo, de tanto como nos han metido en la cabeza que lo único brillante que podemos hacer es ser competitivos. Y ganadores, que no hay gloria para el segundo clasificado.

De modo que, con el permiso de ustedes, me dejo en blanco la historia de hoy, animándoles a hacer, de vez en cuando, un poquito de lo mismo. Espero que no se enteren las multinacionales. Porque si se dan cuenta de la jugada, estoy seguro de que achucharán a sus esbirros de los gobiernos para que pongan un impuesto a la contemplación.

 

embarcadero-infinito

 

Javier Peces

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