Owens y Luz – por CHEMA BASTOS

Estadio Olímpico de Berlín, verano de 1936. La situación en sí misma provoca una puesta en escena que difícilmente podía escapar a la épica: Jesse Owens, atleta afroamericano, gana la medalla de oro de salto de longitud y hace enmudecer a Alemania en pleno apogeo del nazismo, obligando a Hitler a abandonar el podio para no tener que felicitar al campeón que acababa de destrozar el mito de la superioridad aria.

Y sin embargo la historia real, cuando uno bucea un poco, resulta mucho mas rica y por supuesto más fascinante que la versión propagandística que los norteamericanos acuñaron, y descubre que a la hora de asignar responsabilidades, el relato auténtico reparte leña en todas las direcciones.

El propio Owens, de forma muy sincera, siempre declaró que el trato que recibió de los alemanes durante su participación en los Juegos, no fue precisamente malo. Para empezar, el que recibió de Carl Ludwig “Luz” Long, campeón alemán de salto de longitud, y su máximo rival, el cual, poco antes de competir, se acercó al americano para enseñarle a perfeccionar su técnica de batida y mejorar su salto, en un gesto de generosidad hoy en día impensable. Sea por esta ayuda, sea porque Owens era el mejor, lo cierto es que su salto le hizo ganar la medalla de oro más legendaria de esta especialidad, hasta que Bob Beamon destrozara el registro mundial en México 68. Al parecer ni siquiera es cierto que el dictador germano abandonara el palco por evitar felicitar a un atleta negro. Es muy posible que la causa real fuera el miedo a que los espectadores de la ciudad menos nazi de Alemania aprovecharan el anonimato del Estadio para abuchear al genocida. Y es que ahora sabemos que la oposición interna al nazismo fue mucho mayor de que los vencedores de la guerra, por diversos motivos, se encargaron de hacernos creer, como explica Barbara Koehn en La resistencia alemana contra Hitler: 1933-1945

En realidad Owens dijo que el no tenía ninguna queja de “Míster Hitler”, que sí le saludó y le dio la mano en otra ocasión durante el transcurso de los juegos; así como no tenía motivos para reprochar nada a los alemanes, que según su recuerdo, no le mostraron ningún rechazo. De hecho Jesse comparaba amargamente esta actitud abierta con la cínica doblez con la que le recibieron en Estados Unidos tras su victoria en los Juegos. Y es que ni siquiera tras convertirle en el campeón de la democracia y la igualdad, dejaron los norteamericanos de aplicar las rígidas normas del apartheid, y de tratar al atleta con el más execrable racismo. Jesse contaba cómo después de ser aclamado en las calles por la multitud le obligaron a tomar el ascensor “de servicio” para visitar al alcalde de la ciudad.

 El legendario atleta por el contrario siempre recordó con cariño el gesto de Luz, y cultivó hacia él un sentimiento de gratitud y amistad. Luz fue movilizado por la Wermacht, y murió en combate en el frente de Italia, en julio del 43. Owens lo lamentó profundamente, y reconoció su gesto con una frase que a mí nunca ha dejado de emocionarme, en la medida que expresa la capacidad de los hombres por vencer en ocasiones todas las barreras, incluso en la más adversa de las situaciones:

You can melt down all the medals and cups I have and they wouldn’t be a plating on the twenty-four karat friendship that I felt for Luz Long at that moment”

Puedes fundir todas las medallas y copas que tengo, y no serían más que la chapa que recubre el compañerismo de 24 quilates que me hizo sentir Luz Long en ese momento”

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Chema Bastos

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