Overintelligence – por JAVIER PECES

Disculpas de antemano por la torpeza en la expresión. No estando seguro de la exactitud del término en español o castellano, prefiero citar el concepto en la lengua en la que lo sufrí por primera vez. Esa seguridad mezclada con autosuficiencia y exenta de disimulo a la hora de menospreciar al interlocutor: “Decido por ti en tu propia casa, pisoteo tu criterio y no me molesto en explicarte por qué lo hago. Total, no lo vas a entender…”

Y un truño maloliente, señor mío. O señora de otro, que en esto no hay distingos de género. Reclamo mi derecho a tener las cortinas abiertas o cerradas, la tele encendida o apagada, el ventilador girando o en reposo. Ya puede usted ser el más brillante, el más preparado o el mejor instruido entre todos los mortales.

No será tan listo como cree si es incapaz de entender la otredad.

Conste que el texto ha dado este giro con un doble propósito. En primer lugar, no quiero acabar el texto sin colar mi humilde pero sentido homenaje a Daniel Rabinovich. En segundo, la protesta encendida cada vez que un sesudo especialista en UX, “experiencia del usuario”, decide quitar una opción para cambiar el comportamiento de algo. La primera vez que escuché el término “overintelligent”, alguien había decidido, por su cuenta y riesgo, privarnos de una casilla de verificación que activaba o desactivaba el parpadeo del cursor.

Si, si, los del escritorio GNOME. Esos.

Me pregunté sinceramente si me consideraba demasiado estúpido para encontrar el cursor, para entender por qué tenía que parpadear constantemente ante mis ojos o para ambas cosas. Eran muchas horas de “pantalla negra” al cabo del día, y eso se nota. Tampoco comprendí jamás qué demonios adelantaban quitando el “tickbox” de la pantalla, porque seguía -y sigue- siendo posible hacer el mismo cambio en la oscuridad de una instrucción escrita en el terminal.

Con el tiempo he ido encontrado actitudes parecidas en este ámbito y en muchos otros. Gente que se considera en posesión de la virtud, de la razón y del recto proceder. Gente que no siente la menor necesidad de explicar por qué te pisa el cuello. Sabe que lo hace por tu bien y no pierde el tiempo en justificarse ante inteligencias inferiores.

Estos especímenes ya no despiertan la más mínima emoción en mi maltrecho sistema nervioso periférico. En territorio ajeno hago un discreto mutis por el foro. En mis propios dominios invito amablemente al “overinterfecto” a salir, rogando cierre la puerta por fuera.

Saludos cordiales y con su pan se lo coma, pero no me pise.

IMG_20150823_101920
Foto de ELENA LÓPEZ DOMÍNGUEZ

Javier Peces

Javier Peces Ha publicado 35 entradas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *