Otoño . por ENRIQUE MARTÍNEZ RUIZ

El sol, amarillo,
sin calor en sus rayos,
se resistía a ocultarse.
Pronto, las nubes y el frío
mermarían su fuerza
y él parecía saberlo.
El viento, suave y fresco,
esparcía el otoño
en silencio y sin prisa.
Las hojas caían de los árboles
en un llanto de vaivenes,
leves, ligeras,
como si no quisieran
llegar al suelo.
La nieve llegaría luego,
flotando en el aire,
sin ruido,
para extender un sudario blanco
sobre las flores muertas.
Eran los heraldos del invierno.

 

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