Oh, Lord This Cell Is Cold! – por CHEMA BASTOS

La cárcel, como la guerra, es una de las experiencias más extremas que puede vivir un ser humano, y por eso ha atraído siempre a novelistas, poetas, cineastas y autores de toda clase. En la música popular constituye un tema especialmente atractivo, por cuanto ha sido a menudo una experiencia cercana a los creadores, alguno de los cuales la ha vivido personalmente, mucho antes de que nuestra más famosa tonadillera fuera a dar con sus coplas a prisión.

 No es extraño que sea en Estados Unidos donde más se ha cantando sobre la privación de libertad, teniendo en cuenta la tendencia de esta sociedad a ambas cosas: hacer canciones y encerrar a la gente. La fascinación popular por el crimen y sus consecuencias, que autores como Truman Capote o Norman Mailer recogieron en sus obras capitales, explica asimismo la existencia de un subgénero dentro del country y el folk, que se encarna en la figura de Johnny Cash y su Folsom Prison Blues. La escena con la que se abre su biopic serviría perfectamente para iniciar este recorrido por las penurias de la White Trash en el trullo americano, en el que podemos hacer dos paradas en sendas canciones, ambas tienen en común el hecho de referirse no tanto al sufrimiento propio como en el causado a los familiares. Mama Tried está escrita por Merle Haggard, y tuvo ocasión de inspirarse en su propio paso por la cárcel de San Quintín:

And I turned twenty-one in prison doing life without parole.
No-one could steer me right but Mama tried, Mama tried.
Mama tried to raise me better, but her pleading, I denied.
That leaves only me to blame ‘cos Mama tried.

Aunque afortunadamente Merle no hubo de cumplir esos 21 años sin posibilidad de libertad condicional, sí tuvo la oportunidad de exculpar a su madre, que como reza el título, “lo intentó”; aunque sin resultados.

 Especialmente emotiva es Take A Message To Mary, un clásico del folk que fue un éxito en las voces inigualables de los Everly Brothers; y en la que el protagonista intenta dar falsas explicaciones a su novia a través de otra persona:

You can tell her I had to see the world
Or tell her that my ship set sail
You can say she’d better not wait for me
But don’t tell her I’m in jail
Oh, don’t tell her I’m in jail

Y acaba la canción con un lamento trágico; “Oh, lord this cell is cold

 Por supuesto también los negros norteamericanos recogen en sus géneros propios como el blues o el soul. la experiencia de la cárcel, que tan común sigue siendo para ellos, y que en su caso conecta históricamente con la esclavitud. Cuando Sam Cooke cantaba Chain Gang en el Harlem Square, igual podía estar hablando de la cadena de esclavos, que de los trabajos forzados. Otras canciones eran mucho más explícitas, como Riot in Cell Block #9, de The Robins.

Durante los 60 las canciones carcelarias recogen las nuevas tendencias penitenciarias, y comienzan a hablar ya no solo de las penurias del cautivo, sino también del impacto de la salida y del proceso de reinserción. Care of Cell 44 The Zombies es una carta de una mujer a su amor cautivo, al que espera pronto tener de nuevo consigo:

Saved you the room you used to stay in every Sunday
The one that is warmed by sunshine every day
And we’ll get to know each other for a second time
And then you can tell me ‘bout your prison stay…

 Pero si hay una canción conmovedora sobre la excarcelación, sin duda es Tie a Yellow Ribbon Round the Ole Oak Tree, de Tony Oldando & Dawn. En esta historia un recluso escribe a su novia contándole que saldrá en breve en libertad, y que no sabe a qué atenerse con respecto a su relación. Le pide entonces que ate un lazo amarillo alrededor del viejo roble a la entrada de su pueblo, si es que todavía le quiere, y si al pasar con el autobús él no ve esa señal, continuará su camino. El pobre ex-recluso no se atreve siquiera a mirar y le ruega al conductor que mire por él, y por supuesto todo el pasaje del autobús comparte su júbilo cuando puede ver no uno, sino “… a hundred yellow ribbons ‘round the ole oak tree.”

 En los 70 la cultura popular también se hace eco del supuesto fracaso de las medidas de rehabilitación. Es desternillante On Parole, de Motörhead, en la que un ex convicto se pregunta como es posible que le hayan permitido acceder a la libertad condicional, cuando él les ha avisado que sigue siendo un tipo muy peligroso:

I tried to tell them I was sick,
They said they think it was some kind of a trick,
Alright, I would have done good,
If they had listened to me like they should,
I wouldn’t have this loaded gun,
Looking for a citizen to kill just for fun,
It’s good to be free again…

En España el género penitenciario también está presente sobre todo en el flamenco. El mayor exponente del cante, Camarón de la Isla, es venerado en las prisiones españolas, y él se compadeció de los reclusos en tangos sobrecogedores como “Qué desgraciaitos son…” o martinetes como “Las doce acaban de dar en el reloj de la Audiencia”. También Ketama de forma algo más críptica mostraron su solidaridad con su “primo de Getafe”, que se tuvo que ir a Alicante “sin poderlo remediar…”, mientras que Extremuduro y Albert Plá le zumbaban al sistema penitenciario en “Pepe Botika

 Pero la mejor y más emocionante expresión del sufrimiento del recluso la he encontrado en una canción del cantautor australiano Paul Kelly – How to Make Gravy – que recurre una vez más al subgénero epistolar, muy propio de la cárcel. Un preso escribe a su familia por Navidad, para contarles que todavía no podrá estar con ellos ese año: If I get good behaviour I’ll be out of here by July. Les explica entonces cómo hacer la salsa para la comida de navidad, y empieza a imaginar cómo vivirán esos días sus seres queridos:

Oh praise the Baby Jesus, have a Merry Christmas,
I’m really gonna miss it, all the treasure and the trash
And later in the evening, I can just imagine,
You’ll put on Junior Murvin and push the tables back
And you’ll dance with Rita, I know you really like her,
Just don’t hold her too close, oh brother please don’t stab me in the back

I didn’t mean to say that, it’s just my mind it plays up,
Multiplies each matter, turns imagination into fact
You know I love her badly, she’s the one to save me,
I’m gonna make some gravy, I’m gonna taste the fat
Tell her that I’m sorry, yeah I love her badly, tell ‘em all I’m sorry,
And kiss the sleepy children for me
You know one of these days, I’ll be making gravy,
I’ll be making plenty, I’m gonna pay ‘em all back.

Es muy difícil encontrar una muestra mejor de los sentimientos que experimentan las personas que sufren la privación de libertad: la culpa por el daño a los suyos, el ansia por compensarles, los celos, la esperanza, el miedo…en resumen, la pérdida. Porque en la cárcel se sufre mucho, y deberíamos pensarlo una y otra vez antes de meter a alguien allí, y hacerlo sólo para evitar un sufrimiento aun más intenso: el de las víctimas.

Prison

Chema Bastos

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