Odio mi cuerpo

Te dirá, con lágrimas en los ojos y una expresión de infinito asco: “Odio mi cuerpo”.  Es entonces cuando, muy probablemente, habrás de rendirte a la evidencia: necesita tratamiento.

De las enfermedades mentales que ocasionan trastornos en la conducta alimentaria, me impresiona mucho la bulimia nerviosa. Ese ataque frontal contra uno mismo.  Atracones súbitos de comida incontrolada -que no se saborea- con la última pretensión de llenar un agujero emocional que la persona no es capaz de “alimentar” racionalmente de otro modo más sano, o más productivo. O más ordenado.

Las cifras en bulimia son claramente femeninas por el momento. La cultura en que vivimos tiende a considerar el cuerpo de una mujer como una parte más del éxito social. El cuerpo del hombre, por ahora, se salva de patrones estrictos de belleza, su estética es socialmente más permisiva. 

El temor último del bulímico es engordar. Una acción horrible que produce espanto solamente con evocar la imagen del cuerpo desfigurado por los kilos. El enfermo de bulimia siempre se ve gordo, aun cuando su peso es normal, pero no puede reprimir sus ansias de comer. Muchas de estas personas presentan incluso alexitimia, la incapacidad de experimentar y expresar las emociones de manera consciente.

ldc88La bulimia suele manifestarse tras haber realizado numerosas dietas dañinas, una tras otra, sin control médico. Todas avocadas a un fracaso estrepitoso. Es la limitación de los alimentos autoimpuesta por el propio enfermo lo que le lleva a un fuerte estado de ansiedad y a la necesidad patológica de ingerir grandes cantidades de alimentos. Sin orden, sin atender a mezclas de sabores razonables. Los principales factores desencadenantes de la enfermedad coinciden con la anorexia: el entorno social exigente, las dietas y el horror ante las burlas sobre el físico.

Generalmente, las personas que padecen bulimia han sido obesas o han realizado numerosas dietas sin control médico. Tratan de ocultar los vómitos y las purgaciones, por lo que la enfermedad suele pasar desapercibida durante mucho tiempo. No sienten ningún placer al comer ni tienen preferencias en cuanto al tipo de alimentos. Sólo buscan saciarse. Intentan evitar los lugares en los que hay comida y procuran comer solos. Su comportamiento suele ser asocial, tienden a aislarse, y la comida es su único tema de conversación. Además, la falta de control sobre los alimentos les produce grandes sentimientos de culpa y vergüenza.

El cuadro de bulimia está inundado por una sobreingesta de alimentos. Un atracón consiste en ingerir en un tiempo inferior a dos horas una cantidad de comida muy superior a la que la mayoría de individuos del planeta comerían. Durante este período, por supuesto, no tiene el  individuo control alguno sobre el atracón y es tal la ansiedad que cree que no podrá parar de comer nunca. Estos episodios se manifiestan un mínimo de dos veces por semana.

Para prevenir el aumento de peso y compensar el atracón, se provoca el enfermo  vómitos, o utiliza una batería de laxantes, diuréticos u otros fármacos que le permitan controlar el peso. Otros bulímicos recurren a la práctica abusiva de actividades deportivas. La autoestima del enfermo, claro está, es bajísima y está directamente identificada con su cuerpo. No toma en cuenta factores de la personalidad para compensar el desastre de mirarse en un espejo y contemplar el “horror” de su aspecto.

Los signos físicos que evidencian la enfermedad son múltiples. Debilidad, dolores de cabeza; hinchazón del rostro por el aumento de las glándulas salivales y parótidas, cicatrices en los nudillos por haber usado los dedos para inducir el vómito, erosión del esmalte dental debido al ácido del estómago, escasez de potasio, mareos, pérdida de cabello, irregularidades menstruales, y bruscos aumentos y reducciones de peso; aunque generalmente no sufren una oscilación de peso tan importante como la que se manifiesta en la anorexia.

Concluyo aquí con una sensación agria llena de pena por vivir en una sociedad tan avanzada en la que el cuerpo delgado es una tarjeta de visita. El mensaje es clarísimo: “Ser bella es igual a ser delgada”. Un cuerpo delgado representa hoy  la antesala de una inteligencia o el sinónimo de atractivo. Ello, claro, reafirmado por el modelaje, los medios de comunicación, la publicidad, el tallaje de la ropa escandalosamente insuficiente  y ese culto narcisista al cuerpo tan anodino y extendido. Por supuesto, no hay que olvidar el photoshop. 

Elena Silvela

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