Oda desde lo alto – por EVA MARÍA CASTILLO

Pregúntale a las cigüeñas
la historia de estas piedras,
déjales que te hablen
de amores y de estas tierras.

Que te cuenten con detalle
de las gentes de esta villa
que se apoyan en sus muros
a falta de cómoda silla.

Espectadoras sin reales,
narradoras de los detalles
de las rencillas banales
y de los pecados carnales.

Ellas sabrán de desenlaces
de romances y de verdades,
de traiciones recogidas
en las letras populares.

Pregúntale a las cigüeñas
si presenciaron la deshonra,
del calor del encuentro
y de la pasión, el lamento.

Ellas sabrán ser guardianas
de pecados, de conjuras,
de desplantes y desaires
sin perder la cordura.

Son las que callan limosnas
y ocultan oscuros secretos.
Impasibles ante el duelo,
fieles al gélido invierno.

Son las que cuentan las horas
encima de las campanas
que de día tocan a gloria,
de noche a muerte cercana.

Pregúntale a las cigüeñas
de la pobreza de la anciana,
la desidia del tabernero,
y del amante su escarceo.

Ellas se quedarán en lo alto
para vigilar sin recato
la puerta abierta al mendigo,
a ti, al cura y al viento.

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Eva María Castillo

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