Oda a la Brigada Ligera: la épica de la estupidez

Alfred Lord Tennyson fue el bardo del imperialismo británico y en cualquier caso de los más grandes poetas de la era victoriana. Su vida se extiende a lo largo del siglo XIX, se podría decir que lo abre al nacer en 1809 y que casi lo cierra a su muerte en 1892. Su existencia coincide igualmente en gran medida con el reinado de Victoria I que comienza en 1837 y finaliza en 1901, cuando la monarca fallece a los 81 años. Inglaterra no volvería a ser la misma tras Victoria.

Tennyson escribió en 1854 un sentido poema patriótico de estética militar: The Charge of The Light Brigade, que fue traducido al castellano como Oda a la Brigada Ligera. Se trata de la exaltación de una acción militar que tuvo lugar durante la Guerra de Crimea en la que un cuerpo de caballería inglés es machacado por las baterías de artillería rusas en una operación ilógica y sin sentido. Un pequeño episodio en el fresco del imperialismo británico que él convirtió en símbolo del heroísmo nacional.

El siglo XIX fue para Gran Bretaña el comienzo de su hegemonía mundial, a la vez que otros imperios como el español perdían fuelle y comenzaban a diluirse. Y esto no fue por casualidad; se trataba de un país que presentaba una evidente supremacía marítima, que había sido pionero en el desarrollo de la industria, que gestionaba una parte importante del comercio mundial, y finalmente, que se había convertido en una temible potencia militar.

La consolidación del imperio británico tuvo lugar durante este periodo y prácticamente todos los años de ese siglo la nación tuvo algún conflicto bélico en algún rincón de sus vastas posesiones, siendo las más conocidas, quizá por sus proyecciones cinematográficas en las películas de aventuras, las Guerras de los Boers, la revuelta derviche del Madi en Sudán (y su posterior reconquista) o el levantamiento de los cipayos en la India.

No menos cinematográfica ha resultado para el cine clásico la Guerra de Crimea, y más en concreto, un episodio desastroso para las fuerzas británicas que el poeta Tennyson transformó en su época en un acto de heroísmo extremo. Se trata de la famosa carga de la Brigada Ligera.

La península de Crimea en Ucrania albergó entre 1853 y 1856 un conflicto bélico entre una alianza anglo-francesa que apoyaba al Imperio Otomano frente a Rusia. Resumiendo, las potencias europeas querían frenar el excesivo expansionismo ruso y para ello apoyaban a su enemigo turco.

En octubre de 1854 los aliados se volcaron en el asedio de Sebastopol por su condición de plaza de alto valor estratégico, como base central de la armada rusa y de punto de control del tráfico marítimo del Mar Negro. Y dentro de las maniobras militares para conquistar las posiciones rusas se ordenó una carga de toda la División de Caballería de las fuerzas británicas sobre las posiciones rusas, que se hallaban protegidas por piezas de artillería sobre colinas al final de un valle de un kilómetro y medio de longitud.

En vanguardia iba la Brigada Ligera y detrás la caballería pesada. No obstante, la retaguardia recibió a tiempo la orden de abortar la carga. Pero los dragones, lanceros y húsares que encabezaban el ataque nunca la recibieron…

Es curioso lo que hace la disciplina. La Brigada Ligera mantuvo la serenidad y aplicó a rajatabla las enseñanzas de los manuales de caballería, que recomiendan mantener el ritmo de las cabalgaduras en función de la distancia con el objetivo, -paso, trote, galope-, y no dar el toque de “a la carga” hasta los últimos metros para que no lleguen los caballos agotadas al combate. Todo ello siendo literalmente destrozados por los proyectiles y la metralla de las baterías rusas.

Con todo, algunos de los valerosos lanceros de la Brigada Ligera lograron superar las posiciones de los rusos, si bien se encontraron con la desagradable sorpresa de un regimiento de cosacos esperando detrás de la línea de cañones, bastante superior en número.

¿Cuál fue la causa de esta insensatez? Yo he oído distintas versiones y todas dicen bien poco de la profesionalidad de los mandos del ejército inglés.

  • Según una versión, Lord Cardigan, al mando de la Brigada Ligera, ordenó al capitán Nolan, un joven impetuoso, que hostigase a los rusos para obligarles a retirar las baterías, es decir, solamente para intimidarles. Nolan interpretó las órdenes como quiso e inició una carga frontal para tomar las posiciones enemigas buscando la gloria personal.
  • La otra versión se basa en la rivalidad del citado Lord Cardigan con Lord Duncan, el comandante en jefe de toda la División de Caballería. Parece ser que eran cuñados, pero que su enemistad era notoria, y que Cardigan no podía soportar que le hubieran puesto debajo de su hermano político en la cadena de mando. De esta forma y según esta versión, habría hecho caso omiso de la orden de volver grupas para obtener una victoria heroica que restregarle en la cara a su cuñado. Quién sabe…

Las noticias de la carga de Balaklava llegaron la metrópoli londinense y despertaron sentimientos encontrados. No faltaron las críticas a quienes emprendieron una acción de guerra insensata con un alto coste de vidas humanas. Pero también se alzaron voces que ensalzaron la carga de la Brigada Ligera, como la del insigne poeta Alfred Lord Tennyson, que escribió los versos que reproduzco a continuación.

 ODA A LA BRIGADA LIGERA

Media legua, media legua,
media legua más allá,
en el valle de la Muerte
cabalgaron los seiscientos.
¡Adelante, la Brigada Ligera!
¡Cargad contra los cañones!
En el valle de la Muerte
cabalgaron los seiscientos.

¡Adelante, la brigada Ligera!
¿Alguno desfalleció?
No aunque el soldado supiera
que alguien cometió un error,
no era cosa suya replicar,
ni preguntarse el por que,
solo cumplir con su deber y morir
en el valle de la Muerte
cabalgaron los seiscientos.

Cañones a su derecha,
cañones a su izquierda,
cañones ante si,
descargaron y tronaron;
Azotados por balas y metralla,
cabalgaron con audacia
en las fauces de la Muerte,
en la boca del infierno,
cabalgaron los seiscientos.

Brillaron sus sables desnudos
resplandecieron al girar en el aire
para golpear a los artilleros,
cargando contra un ejército,
que asombro al mundo entero
zambulléndose en el humo de las baterías,
cruzaron las líneas;
Cosacos y rusos
retrocedieron ante el tajo de los sables
hechos añicos, se dispersaron.
Entonces regresaron, pero ellos no
no los seiscientos

Cañones a su derecha
cañones a su izquierda
cañones detrás de si
descargaron y tronaron;
Azotados por las balas y metralla,
mientras caballo y héroe caían,
los que tan bien habían luchado,
entre las fauces de la Muerte,
Volvieron de la boca del infierno
todo lo que de ellos quedo,
lo que quedo de los seiscientos.

¿Cuando se marchita su gloria?
¡Oh, que carga tan valiente la suya¡
Al mundo entero maravillaron
¡Honrad la carga que hicieron!
¡Honrad la Brigada Ligera,
a los nobles seiscientos!

Pablo Rodríguez Canfranc

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