No es un país en el que se pida perdón – por FRANCISCO NAVARRO

Don Saturnino Alcolea, inventor y de la cercana villa de Socuéllamos, apaga el cilindro y enciende un pito. Le da una profunda calada que le llega a los talones. En la eternamente encendida radio que don Saturnino Alcolea, inventor y de la cercana villa de Socuéllamos, tiene en el obrador, se oye en ese preciso momento:

— Lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a ocurrir.

—A este hombre lo van a crucificar, el nuestro no es un país en el que se pida perdón. —dice Don Saturnino Alcolea para su chaleco, apagando el cigarro y volviendo al cilindro con un destornillador de estrella en la mano.

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Francisco Navarro

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