Ni contigo, ni sin mí

Una frase del gran Woody Allen dice que “el dinero no da la felicidad, pero produce una sensación tan parecida que necesitaría un especialista para verificar la diferencia“. En los tiempos que corren, decir que “el dinero no da la felicidad” a la inmensa mayoría les puede parecer hasta obsceno, dependiendo de las situaciones personales de cada uno. Y para más inri, como queriendo demostrar cuan de cierto es este dicho, nos encontramos infinidad de ejemplos todos los días, en cualquier momento y lugar.

La crisis económica está afectando de manera muy directa a las separaciones, rupturas y divorcios de las parejas españolas, que son unas cuantas (que se quieren separar, me refiero, parejas ya sé que hay muchas). Partimos de la base de que para cada caso hay una razón distinta y entre éstas se encuentra la crisis económica que todos atravesamos.

Pero es tal la magnitud de la crisis que no se conforma con dificultar las relaciones sino que, rizando el rizo, obliga a casados y no casados (al fin y al cabo, casi nos unimos tanto a la hipoteca como a nuestros respectivos/as) a tener que soportarse mutuamente de manera indefinida (quien cogiera hoy día un contrato de trabajo de éstos) ante la imposibilidad de salir adelante de manera individual. Hipoteca, contigo sí que es hasta que la muerte nos separe… o casi. Debe de ser complicado (lo cambio por horrible) tener que vivir con alguien a quien no quieres, obligado (encima) por la falta de liquidez.

Es éste un claro ejemplo de una crisis, la económica, que no sólo afecta, sino que incrementa otras crisis, en este caso, las matrimoniales y de pareja. Con lo que llegamos a la conclusión de que es cierto aquello de que “las crisis ni se crean ni se destruyen, tan sólo se transforman”. Creo que era así.

Aun con todo y para alegría de estas apuradas parejas, “todavía se produce una ruptura legal cada poco más de media hora”. No puedo imaginar cuantas separaciones se producían antes de llegar esta crisis.

Resulta un tanto angustioso pensar que quien llevó a buen puerto su separación pueda encontrar un cierto respiro en que el asunto pudo haber sido peor. O no. Quizá lo angustioso sea pensar en el tiempo que se nos va mientras no vivimos.

Igual -y esta frase no es mía- haya que enamorarse de la vida, que al fin y al cabo te es fiel desde que llegas hasta que te vas y, desde ahí, ofrecer lo mejor de uno mismo a quien llega a ti. Por ahora creo tener aprobaba la segunda parte, pero ya tan sólo lo creo…

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J. Javier Checa

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