Moon River y la ballena plateada

Un día propusieron a Capote realizar una película basada en su relato y aceptó perdiendo todas las batallas. Quiso a Marilyn para interpretar a Holly Golightly, una elección que era canónica, pero fue rechazada por Blake Edwards, el genio que finalmente dirigió la película (también en contra del criterio de Truman Capote, que prefería a John Frankenheimer). Tampoco pudo conseguir a Steve McQueen que tenía otro compromiso y George Peppard fue el protagonista, un fracasado actor-galán que acabó interpretando al teniente Banachek  (acaban de robarme en el chalé que venga Banaché).

En realidad Holly era una prostituta lesbiana en la novela y el guionista la convirtió en una angelical Audrey Hepburn que a partir de entonces sería inseparable del personaje. La machorra y puta Holly convertida en la mujer más elegante y estilosa de Hollywood ¡hay que joderse! Truman Capote explicó el origen del nombre de la protagonista: Holly por ser una mujer permanentemente en vacaciones (holidays) y Golightly por atravesar la vida de forma absolutamente light (go-lightly). Capote siempre mantuvo que se inspiró para crear el personaje en Carol Grace, esposa entonces del escritor William Saroyan y después del gran Walter Matthau.

Tampoco el final deliciosamente infeliz de la novela fue respetado; la película termina con un indecente final feliz, muy alejado del desgarrador desenlace del relato. Y la música… Ahí sí que Henry Mancini acertó de pleno con la banda sonora y con la canción “Moon River”, escrita con Johnny Mercer: ambas obtuvieron los únicos Oscar de la película en 1961 (año en el que tuve la fortuna de nacer). Los maravillosos títulos de crédito rodados en la madrugada neoyorquina ante el escaparate de Tiffany’s son de los más bellos de la historia del cine.  Hay decenas de versiones de “Moon River”. La versión de Audrey Hepburn que intentaron retirar de la película porque cantaba pésimamente, pero que ella se empeñó en mantener. O la de Frank Sinatra .

Una noche de insomnio, asomado a la ventana, creí ver el lomo de una ballena surcando el río plateado. Era el asfalto mojado brillando en la oscuridad, tan sólo brea y cemento.

Antonio Babío

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