Monolítica, por ALISA DE TREVI – #escritos

El interior del túmulo latía con la danza de las llamas. Olía a tierra húmeda caliente. Sombras, de cerámicas y divinidades talladas en hueso, aguardaban mi último suspiro, como yo mismo. Las caras de los míos se coleccionaban titilantes a mi alredor. Sólo cabía el silencio.

Hasta que una ola de murmullos fue creciendo, interrumpiendo así mis últimos recuerdos.

Miré inquieto, llamé al último de mis vástagos; me susurró que los demás cabeza de familia habían sitiado la choza del consejo, increpaban la dimisión de los ancianos. Quise levantarme del lecho de troncos y pieles, gritar con ellos; los codos me desobedecieron, tanteé buscando mi cayado de caroba, una mano me aquietó. El ritual fúnebre debía concluir antes de tiempo. Gota a gota, mis parientes fueron saliendo, a contraluz; salvo mis nietos y mi único hijo no muerto, que se quedaron velando su futuro junto a mi cuerpo. Miré a mi primogénito, que apartó los ojos con una caída de mentón, hacia el suelo, donde ondulaban montículos con los restos de su madre y hermanos. Temí por las vidas que dejaba atrás, quería quedarme, ¡vivir!, seguir dirigiendo sus pasos. Un avispero caminó mi cuerpo, las fuerzas regresaron a mí: aún podía seguir viviendo…

–Qué haces aún aquí. El árbol caído ya no da frutos… –raleó mi voz.

–Las familias no permiten que los jóvenes hablemos.

El fuego se apoderó de mi pecho, agarré su mano y la cerní entorno a la daga familiar de cobre.

–Mi última palabra es tuya, pronúnciate. Comete tus propios errores, pero lleva a tus hijos contigo, y asegúrate que los vean, o el círculo de la serpiente comenzará de nuevo –pronuncié hundiendo la daga con su mano en mi cuello.

Al fin perdí la visión, y la inconsciencia.

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Alisa De Trevi

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