Momias al desnudo bajo un escáner.- Conxa Rodríguez (Fuente: “El Mundo”)

Artículo de Conxa Rodríguez publicado en el diario “El Mundo” el 21 de mayo de 2014

Ocho momias de las 120 que guarda el Museo Británico han pasado en los últimos años por los escáneres de dos hospitales de Londres para ser escudriñadas hasta el más mínimo detalle. Las caries de los dientes, la elasticidad de los músculos, el rizo de los cabellos, los amuletos o el tejido que las envuelve han surgido a los ojos de los científicos y ahora forman una espectacular exposición titulada Ancient lives, new discoveries (Vidas antiguas, descubrimientos nuevos) en el citado museo de Londres del 22 de mayo al 30 de noviembre.

John Taylor, especializado en arqueología funeraria del Museo Británico, agradece la prudencia de sus antepasados por no haber intervenido ni manipulado los cuerpos de las momias, lo cual ha posibilitado que el escáner de tomografía computarizada descubra en la actualidad hasta lo más íntimo. «Gracias a nuestros antepasados en el museo, podemos hacer esta exposición. Aquí [en el Museo Británico] no se ha desenvuelto una momia en los últimos 200 años, y eso ha permitido que las tengamos muy bien conservadas porque a menudo en otros lugares se ha intervenido en el cuerpo destruyendo lo que, en realidad, se quería conocer».

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Ochenta de las momias del museo proceden de Egipto y 40 de Sudán, con el común denominador de originarse en el valle del río Nilo. La mayoría de estos cuerpos, embalsamados o momificados, llegaron al museo en los siglos XIX-XX, en la época imperial de Gran Bretaña. La momia más antigua entre las ocho data de hace unos 5.500 años (o 3.500 AC), y se la conoce como Gebelein Man B, por su lugar de procedencia. Los restos de este hombre fueron enterrados en la arena del desierto, que tras absorber los líquidos del cuerpo, conservó intactos sus órganos vitales. Acurrucado en su ataúd, el campesino de Gebelein es el que inicia el recorrido por la muestra.

«El análisis de cada momia ha generado mucha información sobre ella y sobre cómo era la vida entonces en el valle del Nilo», asegura Taylor. Los últimos avances tecnológicos en escáner y visualización de imágenes conforman la gran revelación de la muestra puesto que el visitante, al mover una rueda, puede observar de forma interactiva el interior de los antiguos cadáveres en 3D. El museo presentó hace unos diez años Inside out (El interior fuera), una exploración de la momia de un hombre en forma de documental visto con gafas 3D, tras ser analizado también en un escáner de hospital. De aquel documental a esta exposición interactiva, el cambio es sustancial.

«Analizando el tipo de alimentación que tenían estas personas y las enfermedades que padecían, los problemas que surgían son parecidos a los actuales», asegura John Taylor, que con Daniel Antoine, responsable de la colección de restos humanos del Británico, han sido los dos encargados de amalgamar las vidas antiguas de los momificados con los nuevos descubrimientos para conocerlos mejor. La momia más joven de la exposición es una mujer no identificada de Sudán, de hace unos 700 años, procedente de una comunidad cristiana. Las imágenes grabadas en su cuerpo en forma de tatuaje revelan al arcángel San Miguel, patrón de Sudán.

El objetivo de estos análisis no es únicamente fisgonear en la vida privada de las momias, sino conocer cómo se desarrollaba la vida de estos personajes. La selección incluye hombres y mujeres, menores y adultos, ricos y pobres. «La clase social a la que pertenecían implicaba también el tipo de embalsamamiento que recibían los muertos. A todos se les intervenía porque esperaban ir a la otra vida y para ello había que preparar el cuerpo, pero algunos iban con la anatomía mejor preparada que otros para la otra vida y para la posteridad», explica Taylor.

Tres de las momias tienen nombre propio porque aparece grabado en el sarcófago que contiene los restos mortales o en algún otro lugar. Tamut es el nombre de una joven cuyo ataúd, dibujado y pintado, delata también su linaje familiar. Era hija de un sacerdote, cantaba en un templo de Tebas y fue momificada hace unos 2.900 años. Tamut padeció alteraciones cardiovasculares y fue enterrada con una serie de amuletos antes de ser envuelta con varias telas y colocada en un nítido y ornamentado sarcófago.

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Dos de las ocho momias han sido disecadas de forma natural y fueron enterradas bajo la arena del desierto hasta que fueron halladas. Otras fueron embalsamadas con aceites y otros productos conservantes antes de ser envueltas con tejidos. Según apuntan John Taylor y Daniel Antoine, «para embalsamar los cuerpos extraían el cerebro porque consideraban el corazón el órgano más vital; los riñones, el hígado o los pulmones eran secundarios». En el caso de la momia Gebelein Man B (la más antigua de la exposición) las imágenes en 3D han permitido revelar los órganos vitales intactos, incluido el cerebro, y hasta le han descubierto los restos de su última comida.

«La tecnología del escáner nos ha permitido ver más de lo que habíamos visto hasta ahora, pero todavía podremos ver más en el futuro. Una de las momias aparece envuelta con un pedazo de piel en el que se ve una inscripción que parece el nombre de un rey. Eso nos diría el período en el que vivió, pero todavía no hemos podido descifrarlo», explican los comisarios de la muestra, quienes trabajan de forma permanente en la colección, aunque sólo de vez en cuando presentan sus hallazgos en forma de exposición.

Un niño de dos o tres años de edad, de la época romana, está embalsamado también como Tamut, la cantante, dentro de un sarcófago. Junto a él colocaron objetos infantiles que pueden verse nítidamente en las pantallas que reproducen el interior de la momia. Las momias se exhiben en vitrinas climatizadas junto a las pantallas que muestran su interior, con lo cual se obtiene una imagen completa de cada uno de los cuerpos embalsamados.

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