Micaela, por ELENA SILVELA – #escritos

Se enredó en su sueño por tercera vez en el mes. Diciembre era perro. Había encendido rápidamente la lamparita de noche; siempre que una pesadilla le perturbaba recurría a la luz, bálsamo de pobres. Enfocó la vista en el cuadro de su antepasado, colgado milimétricamente enfrente de la cama. Ese paisaje profundo le producía una rara felicidad. Colocó mentalmente a Micaela en lo alto de la ladera, junto al refugio. Con su pelo rubio eternamente liso y la media sonrisa con que conquistó los corazones del pueblo entero.
Hacía más de tres años. Aquella noche del perro diciembre no llegó a cenar, ni a dormir, ni a desayunar al día siguiente. De los muchos interrogatorios que le hizo la policía solo recuerda el estupor que le producían algunas preguntas. ¿Sabe si pudo tener motivos para irse sin más? ¿Tenía enemigos? ¿Discutieron ustedes? ¿Maltratos? ¿Le acosaba de alguna forma? ¿Sospecha que pudo tener un amante? En todas ellas se hundía un poquito más. “Nos queríamos. Nunca discutimos, mas allá de rencillas tontas domésticas.”
Esperó su retorno durante un mes. Esperó una llamada o una carta durante los tres meses siguientes. Confió en un milagro después. En el tercer perro diciembre seguía en la misma soledad. Los sueños continuaban. Pero la esperanza no. Como tantas otras noches, a la luz de su lamparita de noche, hizo recuento de su vida con Micaela. De sus abrazos, de sus “te quiero”, de sus manos entrelazadas cada noche frente al televisor. De sus planes de futuro y de la casa que nunca llegaron a comprarse por la que ya no pasa cuando camina. Ignora si volverá a tener mujer. Ignora si volverá a dejar que le digan algún día “sí, quiero”.
Nota: El cuadro es de Camille Pisarro

pisarro

Elena Silvela

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