Mi vida siempre fue un grito – por J. JAVIER CHECA

Mi vida siempre fue un grito acompañando a mi silencio. Crecí entre voces que oscurecían todo y sin hablar intenté iluminar. El tiempo me enseñó que gritar es necesario. Tanto como inútil cuando no lo es. Gritar te quiero sin hablar a veces puede ser un acto de rebeldía aunque no lo parezca. Proclamarlo sin demostrarlo, un acto vacuo que lejos de mostrar demuestra un desinterés eterno en el tiempo. Grita para respirar. Grita para hacerte presente. Grita cuando sientas. Grita porque estás. Grita ante el inconformismo. Ante lo que duele. A lo que se va irremediablemente sin querer que así sea. A los reveses de la vida. Grita. Grita porque quieres. Grita porque estás vivo y con ello, vive. Que si pasamos por aquí cuando menos dejemos en la letanía del recuerdo la sensación ante todo de que si fuimos algo alguna vez, fue porque pudimos sentir y así lo hicimos.

 

J. Javier Checa

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