Menos – por ELENA SILVELA

Su mirada está concentrada sobre la taza de café con leche, es la postura ideal para pensar profundamente. Durante la noche ha vuelto a soñar con sus peores demonios. Le hicieron tanto daño que los descarta a la luz del día; sólo vuelven una y otra vez en pesadillas diversas. Hacen allá lo mismo que le hicieron en vida: menospreciar. Además, ocurre que en sueños las situaciones son más atrevidas. Tan evidentes que intenta pegarles, se abalanza sobre ellos sin compasión. Antes de que pueda incluso tocarles, se despierta. Le ocurre esto a menudo, y la imagen de su café le ayuda a pensar en ello, en el tiempo ese que transcurre y parece no servir de bálsamo. En las ofensas leves que son gigantes cuando vienen de personas a quienes queremos. Quizá sea el menosprecio en sí. El hacer de menos, ese acto que es más símbolo que acción -piensa- derrota venga de quien venga. Y si procede de alguien muy cercano el efecto es devastador, lo mide por el tiempo que le está llevando superarlo. Quiere dejar de soñar con ellos. Parece complicadísimo hacer de más, hay pocos doctos en el tema por el mundo, es un don reservado para excelsos. A veces maldice la memoria infinita que se perpetúa en detalles que hieren y la efímera memoria que posee para las cosas corrientes. Es posible que no haya sitio para más. Puede que la preocupación diaria junto con el deseo de dejar atrás lo que encadena un rosario de reproches inútiles merme la capacidad de recordar. Recordar en su vertiente práctica, esa que sirve para desarrollarse, evolucionar, aprender y disfrutar. Desearía tener la capacidad de arrinconar lo que recuerda y reconoce como de valor escaso o dañino para dejar que aflore a su mente lo bueno, lo bonito, todo lo que un día fue tierno y ayudó a forjar su personalidad. Se le ha quedado helado el café.

 

taza cafe

Elena Silvela

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One comment

  1. Bonito relato y buenas reflexiones. Por cuanto en el se expresa los sueños hay que tenerlos despierto aunque nunca se lleguen a alcanzar, pero te permiten andar, limpiar la mente, aparcar el pasado sin olvidarlo y disfrutar del presente con la luz de sol que aún en los días nublados nos da luz a contracorriente y nos permite caminar hacia los sueños despiertos y quimeras maravillosas que nos propongamos.

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