Memorias de la India II – por DORY CEES

Estoy derrotada, abatida de felicidad y euforia benigna.
La casualidad, el azar, la benevolencia, o simplemente
estar viva y agradecida por respirar en paz y en orden.
Esperar el ocaso y tatuarlo en la mirada, con dorados
y rojos teñidos de fucsia. Ver el rostro del Sol enmarcado
en la quietud de la curva. Gemía el camello y el Sol seguía
descendiendo con su séquito de fuego. Los niños cantaban
en una lengua que empezaba a amar y a reconocer,
la brisa irrumpió, mi blusa magenta danzó
y yo no pude evitar correr con los brazos abiertos en acto de apasionada
locura por querer abrazar todo el instante, y bailé y salté
con los niños y las mujeres, y lloré, también lloré
en un acto de amor y de despedida, y las lágrimas
se mezclaron con el azul gris de mis ojos, y entonces
despedí al Sol,sentí frío en los pies descalzos, los colores
se apagaron y todo cambió, apenas quedaban turistas,
los niños me siguieron hasta el viejo toyota, yo seguía
llorando, riendo y tatareando los bellos sonidos del Thar.
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Dory Cees

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