Me quedo con el reloj de cuco – por PEDRO PABLO MIRALLES

Cuando escribimos y además lo escrito se publica, ponemos en manos de quien lo lea algo de nosotros mismos porque de lo contrario, como todo en la vida, más que escribir lo que haríamos es engañarnos y engañar al lector. Nada como sentirse libre aunque cueste lo suyo y a veces algo más, por mucho que en ocasiones nos cause rubor e incluso miedo que hay que superar. Ante todo la libertad.

Me recupero del descanso del mes de agosto – ¡vaya contradicción!-, comienzo con suficiente ilusión el mes de septiembre y deseo la llegada del otoño. Es un ejercicio que no me cuesta tanto trabajo como a esos que salen todavía en los noticiarios de la televisión diciendo que padecen el síndrome del estrés postvacacional de las formas más variopintas.

Procuro comunicar sin prisas con los amigos y familiares que hace algún tiempo no veo. Me esfuerzo por ser tan lento como me pide el cuerpo. La precipitación de las ciudades y más si son grandes, dificulta hasta extremos inimaginables la convivencia pacífica. Hay que aprender diariamente a disfrutar de lo pequeño que tengamos y nos rodee.

Meto la pata varias veces al día pero me esmero en llegar a ser consciente de haberme equivocado para rectificar, pero con frecuencia me lo tienen que señalar, ejemplo de insensatez por mi parte.

Sé que el reloj del tiempo pasa sin apenas darnos cuenta, el tiempo no existe y, con permiso de los suizos a los que aprecio mucho y de los que tanto he aprendido, el reloj vale para poco. A este respecto me vienen a la memoria esas palabras tan crueles como necias y torcidas, que dirige Harry Lime a Holly Martins en la noria de El tercer hombre: “Recuerda lo que dijo no sé quién, en Italia en treinta años de dominación de los Borgia no hubo más que terror, guerras, matanzas, pero surgieron Miguel Ángel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza, por el contrario, tuvieron trecientos años de amor, democracia y paz, y, ¿cuál fue el resultado?, el reloj de cuco. Hasta la vista Holly”. Si fuera así, tengo claro que me quedo con el reloj de cuco.

Los seres humanos existimos y hay que prestar atención cada instante en vivir el momento, cada minuto y cada segundo pero sin reloj, vivirlo de verdad, con libertad y sin condicionamientos ajenos que nos conduzcan a no vivir, eso sí, como siempre, con respeto escrupuloso al próximo, no como hace Harry Lime.

Por todo eso, ahora, no mañana ni pasado, sí, ahora, hay que aprender a ser felices con nosotros mismos y el próximo, esa es la clave de la vida.

 

Pedro Pablo Miralles

Pedro Pablo Miralles Ha publicado 140 entradas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *