Me echo a llorar, por PEDRO PABLO MIRALLES #relatos

Me pongo a escribir sobre el teclado del ordenador, ya no se utilizan las máquinas de escribir, conservo una en el altillo de un armario de este despacho al que tantas horas dedico. Tengo varios temas en mi cuaderno de notas y en la mente, pero resulta que los del cuaderno me ha dado a mí que de momento no los voy a dar a conocer, además habría que repasarlos y eso no es nada fácil, los temas que llevo dando vueltas desde hace unos días en la cabeza me atraen, los escribiría de un tirón, pero no los considero oportunos en este momento por mil motivos que no voy a revelar. Paseo por casa, mis pisadas crujen sobre el entarimado del suelo, algunos dicen que es un ruido poco agradable, pero para mí son música y compañía de las que difícilmente podría prescindir después de tantos años y, lo que es mejor, a ella también le gusta.

Suena el teléfono y cuando llego a él ha dejado de sonar, el número queda registrado pero desconozco quien pudiera ser, dudo un momento y devuelvo la llamada. Después de un buen rato una voz masculina muy conocida pero que no llego a identificar dice, “hola Pedro-Pablo, llevaba varios días pensando en llamarte. ¿Qué tal estas, que es de tu vida? Por mi parte bien, vida más o menos rutinaria excepto en lo sentimental que voy mejor que nunca”. Caigo en la cuenta, es Tomás, viejo amigo del colegio del que hace mucho no sabía nada. Después de una parrafada más bien intrascendente, me dice con toda naturalidad, “bueno, en realidad lo que quería decirte hoy, próximos al día del orgullo gay, es que hace una larga temporada decidí salir del armario y el próximo día 15 me caso con Juan, al que no conoces, me gustaría que vinieras a la boda. Solo he llamado a los amigos de verdad, varios se han hecho los locos y han puesto excusas poco creíbles, ¿te animas?” “Pues claro Tomás, enhorabuena, allí estaré puntual y después nos vamos a celebrarlo. Sabes que no me gustan las grandes aglomeraciones y las fiestas masivas, me agobian, nunca me he acercado por Chueca el día del orgullo y hace mucho que no asisto a ninguna manifestación de esas que en otra época iba encantado. Pero eso no tiene nada que ver, llegaré el primero a vuestra boda y estoy deseando que me presentes a Juan”.

Pasados unos días, pongo las noticias en la televisión justo en el momento en que la locutora dice: “un nuevo suceso de violencia homófoba ha sorprendido esta mañana las calles de la capital, una pareja de homosexuales ha sido agredida por un grupo de exaltados dándoles una brutal paliza con palos y botellas de cristal. Como consecuencia de la agresión ha perdido la vida Tomás Pérez, de cuarenta y siete años, empleado de comercio, al que los servicios de emergencia no pudieron reanimar y la otra persona ha resultado herida muy grave, le trasladaron al hospital más cercano, donde se encuentra ingresado con pronóstico reservado, se trata del conocido poeta madrileño Juan Salgado. La policía todavía no ha dado con los autores de la agresión …”

De inmediato apago la caja tonta, sin ser consciente de lo que hago paseo por casa un buen rato de un lado para otro, el entarimado me trae música celestial, me derrumbo en el sofá, me echo a llorar y me sale del alma un grito sordo que solo ella y yo escuchamos, “¡¡¡hijos de la gran puta, que panda de cabrones!!!”. Después lo único que se me ocurre es coger de la librería una antología de Juan Salgado y leer algunos versos, pero no puedo seguir, cierro el libro y reanudo mi deambular sobre el entarimado musical, estoy desolado, vuelvo a caer en el sofá y de nuevo rompo a llorar.

sofa pedro pablo

 

 

 

Pedro Pablo Miralles

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