Mas allá del Derecho – por IGNACIO ÁLVAREZ

Intentando hacer acopio de algunas ideas que puedan servir, después del parón vacacional, al paciente alumnado que me soporta, seguí con la búsqueda de explicaciones jurídicas claras y concisas. Así es como dí con el libro de una de las profesoras que más me marcaron (para bien) cuando estudié Derecho, allá por el año 2000. Hablo de María de la Válgoma, civilista ya retirada de primera línea de fuego; y en concreto de su obra El Derecho explicado a los jóvenes, un precioso canto a esta rama del saber, a esta forma de estar y vivir en comunidad. Reconforta encontrar libros así, en este mundo universitario que nos tiene mirando más para abajo que al frente, donde respirar a veces cuesta. Reconcilia con el Derecho el libro de la civilista, pues es un canto a la libertad y a la tolerancia y el respeto mutuos, virtudes que en ocasiones brillan por su ausencia.

Y así, con el corazón un poco más caliente, me animé a seguir leyendo cosas, a ver si se me pegaba algo de sabiduría.

Lo primero que hice fue acabar un libro que tenía a medias, de Haruki Murakami, titulado De qué hablo cuando hablo de escribir. Se me quedan grabadas tres ideas a modo de impresiones. Una es que debes hacer aquello en lo que crees y aquello con lo que te diviertes. Nada más y nada menos. Otra es que no tienes que hacer mucho caso a la crítica destructiva pero sí conviene escuchar la constructiva. No sé muy bien qué no perdonan en Japón a este escritor, porque escribir, lo que es escribir, lo hace como los ángeles. Te gustaría ser él. Y eso lo consigue con sus palabras y frases. Eso es ser un maestro. Una última, pero no menos importante: es fundamental estar en buena forma física para rendir a nivel mental e intelectual. Las personas que nos dedicamos a trabajos con mayor vertiente intelectual (al fin y al cabo todo trabajo es intelectual, en alguna medida), tendemos a disociar mente y cuerpo, con una querencia de vivir en nuestras cabezas desconectados de nuestros cuerpos. Tendemos a creer que el trabajo intelectual es leer y leer y leer, cuando igual de importante y nutritivo es mantenerte en forma, hacer deporte y oxigenar todo el organismo. Él mismo lo dice con mucha claridad: para estar sentado horas escribiendo hace falta estar una buena forma física, no se aguanta tan fácil ante la pantalla así como así. Ojalá hubiera más personas como Murakami. Porque la sensación que me dejó es que era un tipo de fiar, una buena y bella persona. Cosas de la literatura (y de mi imaginación), supongo.

Después de ese magnífico libro volví a una de las trilogías más impactantes de los últimos tiempos: La Frontera, de Don Winslow. Después de El Poder del Perro y después de El Cártel, llega el broche final a las aventuras y desventuras de Art Keller, ahora convertido en Director de la DEA. De nuevo la guerra contra el narco nos deja muerte y destrucción. Salvajismo y brutalidad. Dolor profundo e intenso como pocos. Las alianzas entre el poder político y el poder económico al más alto nivel y el narco. Una nueva generación de traficantes más ligera de cascos, igualmente despiadada, más brutal, menos «señorial», y sin escrúpulos ni principios. Hasta matan peor. El discurso final del propio Keller es toda una declaración de intenciones de por dónde debería discurrir las políticas públicas en relación con la droga. Muy pensado para Hollywood, quizá (ya le pasó con el tono general en Corrupción Policial, por lo demás magnífica obra), pero de calado. Una idea: legalización ya de todas las drogas. Porque lo que venimos haciendo no está dando realmente ningún resultado.

Leído el libro de Winslow me tiré de cabeza a por Candidato, de Antonio J. Rodríguez, porque había leído alguna crítica que me dejó con el gusanillo en el cuerpo (hola, Alberto Olmos). El libro cuenta la historia de un profesor de universidad, de Ciencia Política para más señas, de mente brillante y hábitos un tanto disolutos, al que el destino le tiene preparado un cambio de aires más que interesante: consigue llegar a altas esfera políticas sin hacer mucho por ello, mas bien debido a una concatenación de hechos fortuitos, decisiones, momento vital y sinsabores de la vida de un treintañero que frisa los cuarenta y se siente languidecer (¡presente!). El libro está muy bien en algunos momentos, bien en otros, discreto en la mayor parte y algo exagerado en los demás. No acaba de funcionar porque el personaje parece que va siendo construido a raíz de todas las cosas que le pasan y no al revés (aunque tampoco sé como se debe construir un personaje, la verdad). Eso que se dice de «suspender la realidad» cuando se está leyendo una novela política como esta no funciona en el caso de autos. El aroma, el ambiente, los escenarios, algunos diálogos…casi todo resulta bastante impostado. Intentas poner de tu parte pero no lo ves. Sencillamente, no te lo crees. Huelga decir que estamos ante una novela de esas que dicen generacionales (hola, Alberto Olmos), indiscutiblemente posmoderna y, como tal, una tormenta en un vaso de agua. Algo diviertes con ella, eso hay que concedérselo, pero no mucho más.

Le hinqué el diente a (Fe)Male Gaze. El contrato sexual en el siglo XXI, de Manuel Arias Maldonado. Estamos ante una reflexión acerca de uno de los principales cambios que pueden observarse en los últimos tiempos, como es el de las relaciones de acercamiento, seducción, de amistad y amor, entre mujeres y hombres. Es la reflexión pos#MeToo del #MeToo, de sus consecuencias e implicaciones, dando voz a autoras y autores con argumentos de diversa índole. Una idea sobresale del resto: argumentos hay mucho, bien lo sabemos, pero el futuro es en común, juntas y juntos debemos construirlo, sin miedo a explorar nuevas formas de relacionarnos. Podemos alzar la voz contra las tropelías y abusos que alguna personas han cometido amparándose en la legitimidad de este movimiento. Podemos y debemos perseguir esas cacerías y ordalías. Pero una cosa queda clara: nuestras amigas, novias, amantes, esposas, madres, abuelas, primas, tías, compañeras, camaradas, directoras, jefas, alumnas, y tantas otras han dado la voz de alarma desde hace tiempo. ¿Estamos a la altura del desafío?

Y hecho todo eso, abrí Fascismo. Una advertencia, de Madeleine Albright. El título hace justicia al contenido, por lo que no podemos decir mucho más desde aquí. Es el testimonio en primera persona de una superviviente del nazismo y del comunismo que consiguió labrarse una carrera política más que notable en Estados Unidos, desde donde nos advierte que los fascismos de ayer bien pueden reproducirse en el mundo de hoy, a juzgar por los ejemplos que líderes como Hugo Chávez, Erdogan, Orbán o Putin han legado. Así que en esas estamos: ola de extremismos y un nuevo aviso con el mismo mensaje: ¿estamos ante el fin de la democracia tal y como la conocemos?

Habrá que votar en consecuencia.

Ignacio Álvarez

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Profesor de Derecho Constitucional en Universidad Complutense de Madrid. Sus principales líneas de investigación se centran en la igualdad de género y no discriminación, el feminismo, la democracia paritaria, y la representación política. Intenta aprender todos los días algo, lo cual sus alumnos suelen agradecer mucho (y algunos de sus compañeros, también).

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