Marineritos, ¿dónde vais? – por DANIEL CARAVELLA #escritos

Erase que se eran las aventuras de dos marineros. Uno majete, buen mozo, alto, cachas y castañuelo. El otro, para que negarlo, ¿de lo anterior?, la mitad más o menos. Pero bien se resolvían, al unísono, a la par, cuando sobre la cubierta se lanzaban a la mar.

Fueron más de mil las aventuras.  La primera descomunal. Una semana el velero y contra un acantilado el pobre fue a parar. El buen mozo puso una «zodiak» entre el barco y el pedernal, el otro rezaba a la Virgen, a la del Carmen claro está, cuídamelo virgencita linda que se me va a emparedar. A partir de aquello, comenzó la instrucción, del buen mozo, el deportista, y del otro, músico de acordeón. «Esto no puede seguir así» afirmó el capitán mejor, «que a la próxima cantamos dónde está el velero, matarile rile ron»

Duras y arduas jornadas de aprendizaje, ¡Sí, Bwana! Mesana, Génova, Winche, Cabo, Estribor, Popa y Eslora. Sotavento, Barlovento, Boya, Babor y Proa al viento. Aprendieron los nudos, con dos era suficiente, y  a soltar amarras del puerto, aunque el problema siempre era  el muerto. A fregar cubierta y dejar cual patena. A liar bien los cabos para lanzar luego a tierra. ¡Apréndete el abecedario!, Alfa, Bravo, Charly, Delta, Eco, Foxtrot, y así hasta  Zulú, o sea, la Zeta, para luego usar a lo más, docena o docena y media. Tango Uniform Romeo Papa India Alfa Lima, o Sierra Oscar Sierra, por si la cosa está de pena.

Ya lo sabían todo, faltaba la mención de Honor, pero eso era de Máster, lo más difícil, lo peor. La técnica del Ancla. ¡No, Capitán, eso no! -«Aprenderéis a fondear mi barco en la Bahía peor. Sea  el fondo rocoso, o de limo arenoso, anclaréis el barco al fondo como os enseñe yo».  Por más que se esforzaron no había manera, ni Dios, que parase al botarate de  encallar en  Playa de Alcudia, Deiá, o Porto Colom. Pero eso no fue impedimento para surcar los mares, por lo menos uno, y si contamos el Caribe, a pares.

En la navegación, los mejores, no había parangón, su mayor ilusión era sacar el Tangón. Cuando el rumbo lo exigía, una buena ceñida, eso sí, con todo el velamen al viento en plan locos suicidas. Desde Banús a Mallorca, Córcega, Porto Cervo y Ostia, el mejor Capitán y por supuesto Tropa.  De uno a otro confín, siempre en el recuerdo el Bajo de Santa Eulalia y de Motril, el puerto. El uno por puñetero, siempre se ponía en medio, el otro por el atraque, «ese sitio es pequeño, ahí el barrigón no cabe».  Para colmo de males, matricula turista, casi siempre sin papeles, y  la Guardia Civil «lo sabe».

Erase que se eran las aventuras de dos marineros. Uno majete, buen mozo, alto, cachas y castañuelo. El otro, para que negarlo, de lo anterior, la mitad más o menos. Pero bien se resolvían, al unísono, a la par, cuando sobre la cubierta se lanzaban a la mar.

 

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Daniel Caravella

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