Los meses en flor

Buganvillas en enero.
Tu rostro perfecto, amable, limpio;
la mirada de caramelo,
perpetua, rebosante de nobleza.
 
Camelias en febrero.
Por el mundo con apenas tres monedas,
sin tranvía ni automóvil;
dando rienda suelta a las ganas de agotar la vida.
 
Violas en marzo.
Paseos por el campo entre álamos y robles,
cucos, palomas y lavanderas;
una confesión largo tiempo escondida.
 
Petunias en abril.
La luz del sol en tus mejillas,
un beso en la distancia,
una copa de vino y tu perenne presencia.
 
Orquídeas en mayo.
Explosiones de color, rutas insospechadas,
un perdón a tiempo;
de fondo, esa canción favorita.
 
Margaritas en junio.
Olor a césped renaciente,
nuevo brillo, nuevos aires,
tu sonrisa frondosa, la esperanza de algo mejor.
 
Jacintos en julio.
Alegría desbordante,
sabor marino, olor a gaviotas,
tu cuerpo envuelto en olas.
 
Geranios en agosto.
Luz brillante a más no poder,
conversaciones nocturnas al abrigo de la luna;
noches de pesca de la estrella fugaz más bella.
 
Acacias en septiembre.
Largas caminatas, montes que no acaban,
tus pasos al tiempo que los míos,
tu mano en mi hombro, siempre.
 
Violetas en octubre.
Entre encinas y castaños,
hojas crujiendo al paso,
sones de otoño, tintes amarillentos.
 
Pensamientos en noviembre.
Al abrigo de la lumbre.
Tus manos agazapadas,
tu cuerpo pegado al mío afanado en no ver frío.
 
Flores de Pascua en diciembre.
Entre burbujas y buenos augurios,
la promesa de seguir conmigo el siguiente año,
y los que la vida permitiere.
 
 

Elena Silvela

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