Los lugares de “Amanece que no es poco” – por JUAN C. VIVÓ

No he de negar mi pasión por “Amanece que no es poco” la estrafalaria película de José Luis Cuerda. “Amanecistas” nos llaman. Palabro infumable, vamos, pero si hay que serlo, pues ea, amanecista me declaro.

Su influencia es tal que hasta otro albaceteño más famoso que yo, Joaquín Reyes, el humorista no deja de repetir que su influencia es palmaria en él y en los que salieron de Muchachada Nui.

Pero bueno, vamos al lío que me voy por las ramas y no es plan.

La película se rodó en la Sierra de Albacete, en concreto en tres pueblos: Molinicos, donde viví un año, Ayna y Liétor.

Molinicos está situado entre Elche de la Sierra y Riópar. Es un pueblo muy chico donde hay que ir ex profeso, pues tiene la desgracia de estar a dos kilómetros de la carretera y todos los turistas pasan de largo, pero allí se rodaron las escenas del Ayuntamiento y las que discurrían por las calles del barrio de abajo, donde vive la Belén y su hijo José y el Amalio, que ya murió. Era tal la su facha que a él no lo caracterizaron de pueblerino, pero buen hombre como él solo, que te daba lo poco que tenía, fuera un vaso de vino o una tajá de panceta. Desde su casa se divisan las mejores vistas del pueblo: una cadena tras otra de montañas y bosques de pinos.

En Ayna se rodaron las escenas de campo y huerta. Es allí donde se criaban los hombres, a los que se plantaba y regaba como una planta. Uno de los regados es el Nino de Socovos, que apareció por allí. No le debió, al pobre abonar bien el director de la película, pues no ha pasado del metro sesenta de estatura. Quizá el tiempo de plantado no fue suficiente pues no le aprovechó en mucho.

El paisaje de Ayna sorprende. El Río Mundo es su hacedor. Tras una panzada de carretera por una monótona llanura, de pronto la tierra se abre en un profundo y estrecho valle rodeado de escarpados cerros. En la ladera se extienden las casas y, más al fondo la huerta, ribera del río, siempre fresca, amable y frondosa.

Y por último, Liétor, un pueblo con gran patrimonio, que don Francisco, el cura, que lleva toda la vida allí ha procurado restaurar con esmero y cuidado. Es tal su fervor por su pueblo que se morirá en el pueblo donde el obispo lo destinó en los setenta. Si lo sacan antes, se muere, seguro. En la ermita de Belén que conserva en su interior unos curiosos frescos de cuando había franciscanos es donde los habitantes de “Amanece que no es poco” van a misa y aplauden al cura por el alzamiento de Hostia tan graciosamente realizado en la Sagrada Consagración.

 

lietor-1
Liétor – Albacete

 

 

 

Juan Carlos Vivó

Juan Carlos Vivó Ha publicado 25 entradas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *