Los huecos del estar – por ELENA SILVELA #misescritos

¿Te acuerdas? No. No vamos a hablar de ello, contesta. Se niega en rotundo a recordarlo. Ni muerto. Todo lo que huele a fracaso se rechaza. Es lógico, el hedor es repugnante incluso desde una larguísima distancia. Si volviera a vivir, lo tiene claro. No sufrir más allá de los cinco minutos de rigor por quienes un buen día decidieron dejar de quererle. Reconoce en esos largos momentos un tiempo muy valioso que tiró a la basura. La vida en función del amor de los demás. Una falacia peligrosa.

La sensación amarga indica que no se ha superado. Mar de nubes y ese silencio elocuente. Su sonrisa murió de una sobredosis de frustración aquella mañana inhóspita en que todo lo ocupaba la niebla.

Que sea solo por amor al arte. Hoy el paisaje es otro mar, bien distinto. De suave azul y miras infinitas. Aire puro que se respira a bocanadas. Las nubes se han sonrosado, buen presagio. En la palma de tu mano, quienes quieren estar cerca. Única y exclusivamente, que no haya espacio para más. Sí, hombre, esos, los que desbordan cariño, los que hacen hueco para estar. Qué difícil es esa lección. Sonríele al mundo, es el primero que te ha acogido en la palma de su mano.

 

Fotografía de Miguel Ardáiz

Elena Silvela

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