Los españoles llevamos un académico de la lengua dentro – por JUAN CARLOS VIVÓ

K pasa kontigo tio?

Sí. Mira. Vuelve a leer la frase: k pasa kontigo tio?
¿Qué juzgas ahora sobre ella? ¿Qué reacciones te provoca?

Si eres un nazi de la ortografía, sin duda, asco, ganas de insultarme, repugnancia, “ay, que me sangran los ojos”, “a este tío (con tilde ahora) me lo cargo…”, glub. Sin duda si vieses eso en mis redes sociales harías una captura de pantalla y la colgarías en algún grupo de Facebook donde abundan este tipo de publicaciones, para que mi escarnio fuese viral, si procede.

Pero vuelve a leerla. Te dejo un minuto. ¿Ya? Ahora te pregunto: ¿cuántas faltas de Ortografía puedes encontrar?

Si eres una persona que le encanta el rigor normativo en español, que consultas el diccionario de la RAE por vicio o recurres a la Fundeu cuando tienes alguna duda, que revisas lo que escribes una vez tras otra y nunca te encuentras a gusto con el resultado me dirás que cuatro: la “k” inicial que sustituye al pronombre interrogativo “qué”; la “k” de la palabra “contigo”; la ausencia de tilde sobre la palabra “tio” y, por último, la omisión del signo de apertura de interrogación “¿”.

Bien, es cierto, no me atrevo a negarte la razón, pero en parte sí. Me explico. Te ofrezco unas aclaraciones al respecto.

De siempre has abreviado palabras. ¿No has escrito un “q”, un “x” una línea en adverbios como “rápida—” (rápidamente)…, cuando tomabas apuntes como un loco en la universidad o el instituto? En manuscritos venerables del medievo se usaban, por ponerte un ejemplo, los “signos tironianos” que eran una taquigrafía complejísima inventada en la Roma clásica y de la cual era muy común usar en castellano la letra griega “tau” como sustituta de “et”, “e”, “i” o “y”; por no hablarte del endiabladísimo gótico procesal, que nada tiene que ver con la letra gótica de las hermosas letras capitales, sino que era una caligrafía donde, de cada pocas palabras, una se abreviaba con un simple trazo, que usaban notarios, abogados, funcionarios y otros seres de igual calaña hasta el siglo XVII con el fin de complicarle la vida a los historiadores y darles trabajo a los paleógrafos; o de nuestra venerable “ñ” de la que tan orgullosos nos sentimos los españoles —solo existe en españoooool –lo cual no es cierto- (¡Viva Españñññña!)—. Pues bien, la letra nació como una abreviatura. En el siglo XII se empezó a usar una tilde para simplificar letras geminadas o dobladas, esa rayita que colocamos sobre la “n”. Además se dio la tesitura había que representar un nuevo sonido, nuestra eñe, que surgió en las lenguas romances inexistente en latín por temas de yod segunda y otras historias. En francés e italiano se optó por representarlo con el grupo consonántico “gn”; en portugués con “nh”; en catalán con “ny” (tan suyos ellos) y en castellano con “nn”. Pero claro, para escribir más rápido se comenzó a poner una tilde sobre las letras geminadas y a representarlas con una sola letra: en portugués de “aa” derivó en “ã” y nuestra “nn” en “ñ” (del castellano medieval se pasa de “donna” a “doña”; de “duenna” a “dueña”). Todo este rollo viene a cuento para decir que, en mi sentir, la “k” inicial de la susodicha frase, puede ser una falta o una abreviatura, depende. Desde luego que la “k” de “contigo” tiene el 90% de posibilidades de considerarla falta, pero ¿y si estamos en un entorno okupa escribiendo un panfleto para reivindicar el uso social del lokal de la Sociedad gastronómika de Barakaldo k hemos okupado para akabar así con su anterior uso heteropatriarkal? ¿Y si Eduardo Mendoza está escribiendo una novela sobre ellos y refleja su forma de hablar con esa “ka” tan característica de esos ambientes?; o quizá seamos muy monos y aseados, no como los okupas que no se lavan, y estemos usando la “k” en nuestros mensajes de guasap intentado ligar con la chica que nos mola con un gran “K sepas k TKM, xoxete” (uy, sorry, se me escapó un micromachismo)? En definitiva ¿A que el uso en ambos casos de la letra “k” no afecta a tu comprensión del texto? ¿No habría que tener más en cuenta el contexto, la situación antes de levantar el hacha? ¿Has oído hablar de un concepto: “adecuación”? Quiere decir en lingüística que debemos usar los diferentes registros de la lengua “adecuándonos” al destinatario del mensaje. En un examen de oposición, jamás me atrevería a escribirle a la señora más guapa del tribunal “K sepas k TKM, xoxete”, pero a tu novia quizá sí le ponga. A mi amigo Antonio de Socovos jamás le hablaría de física cuántica, que eso no hay quien lo entienda, pero sí de cómo van los tomates y me daría una lección de horticultura y botánica mejor que la del profesor de Botánica Pedro. Aunque, y esto es un excurso, ahora con los teclados predictivos y con la gratuidad de aplicaciones de mensajería o de los SMS, que empiezan a usarse de nuevo, ya se está volviendo a escribir medio decentemente.
Sigamos. El espinoso tema de la tilde de “tío”. Está claro que es una falta no escribirla sin tildar, pero estoy seguro de que hasta mi primo Teófilo sabe que según dice la RAE, “las palabras con hiato formado por una vocal cerrada tónica y una vocal abierta átona, o por una vocal abierta átona y una cerrada tónica, siempre llevan tilde sobre la vocal cerrada, con independencia de que lo exijan o no las reglas generales de acentuación”. Luego es un faltusco con tres pares de… pendientes.

Te termino, sufrido amigo, con lo último, la ausencia de signo de apertura de interrogación. Que levante la mano quien no ha escrito en su vida “k quieres??” o “k guay!!!!”, seguido de un huevo de emoticonos tipo carita besuqueante y babeante. En contextos informales, y la frase que te estoy analizando lo es y mucho, estamos dejando de usar por la razón que sea los signos de apertura de interrogación y de exclamación, como hacen en todas las lenguas. ¿Por qué existen estos signos? Porque en la segunda edición de la Ortografía de la Real Academia Española de 1754 no se le ocurrió otra cosa a los académicos que ordenarnos que para mejor entender las interrogaciones y las exclamaciones teníamos que usarlos. ¿Se acabarán perdiendo o seguirán siendo parte de la norma culta? Mi opinión es que persistirán ambos, pero, si se generaliza en uso la RAE lo admitirá y se montará la de Dios porque lo mismo que en España todos llevamos un seleccionador nacional de fútbol dentro y además todos llevamos un Pérez-Reverte más adentro aún.

¿No te has dado cuenta que cuando pronuncias “k pasa kontigo tio?” suena igual que ¿qué pasa contigo, tío??

Que te cures, que nazis ortográficos lo hemos sido todos, pero de todo se sale, incluso del deporte.

 

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