Los efectos del estrés y el descanso – por PEDRO PABLO MIRALLES

Estaba agotado del estrés que le producía tanto trabajo en la empresa y los problemas de amigos y en la familia. La ciudad le asfixiaba, no podía más. Esa situación, unida al tedio que la situación política de los últimos meses le generaba, con la cadena de asuntos de corrupción política y económica generalizada, le impedía conectarse a las noticias de las cadenas de televisión. Así las cosas, para no estallar, decidió tomarse una semana de vacaciones que tenía pendiente de disfrutar y contrató una estancia en una casa rural, en pleno campo, rodeado de montañas y a poca distancia del mar.

Una vez en el lugar de descanso, pudo comprobar que el móvil no tenía cobertura pero pensó que ese extremo le ayudaría más para alcanzar su objetivo de cortar con todo y lograr la paz y el sosiego que su cuerpo y mente necesitaban. Paseó y disfrutó del paisaje como hacía tiempo. Leyó una novela que resultó entretenida y disfrutó de la antología poética de autores europeos actuales que le regaló una amiga hacía un par de años y no la había abierto. El último día en el campo se sentía como nuevo, dispuesto a volver a su casa con plenas energías y resuelto a no dejarse afectar por tanta pérdida de tiempo dedicada a asuntos y problemas cuya solución en realidad no dependían de él. “Hay que vivir despacito y sosegadamente”, murmuraba para sí, “respetando a los demás pero sin dejarse llevar por el avasallamiento de cuestiones secundarias. La vida es otra cosa más importante”.

Al llegar a casa a última hora de la tarde del domingo, anochecido, deshizo el equipaje, se sentó en el sofá del cuarto de estar y, al conectar el móvil, no dejó de dar pitidos del whatsapp, correo electrónico y mensajes telefónicos. Su madre estaba hospitalizada desde el martes con lo que parecía había sido un ictus cerebral del que todavía no se sabía que lesiones la había producido, en la empresa habían puesto de patitas en la calle a tres de sus mejores compañeros para evitar, decían, el concurso de acreedores y, para rematar el panorama, habían cortado el agua general del inmueble por una rotura de la cañería entrante que tardarían dos o tres días en reparar.

Encendió un cigarrillo que comenzó a fumar lentamente, llegó a la conclusión de que ponerse a actuar de forma inmediata no iba a solucionar ninguno de los problemas surgidos en su ausencia. Grabó este mensaje en el contestador de voz del móvil, “estoy de vuelta, todo ha ido bien, como no son horas de llamar a nadie, deja tu nombre y número de teléfono y mañana te llamaré en cuanto pueda”, acto seguido lo desconectó, bebió un vaso de leche fría con colacao y comió un par de galletas, se tomó un inductor del sueño, se metió en la cama y dijo en alta voz pero muy bajito, “esto no lo hubiese hecho ni loco hace una semana, a descansar, que mañana será otro día” y, a pesar de todo, al poquito tiempo, estaba plácidamente en manos de Morfeo.

 

Pedro Pablo Miralles

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