Los de verdad, por ELENA SILVELA #misescritos

Saber reconocer quiénes son tus amigos, hasta qué punto y cuáles son -siempre muy pocos- es tarea de auténtica sabiduría, una noción que adquiere forma con el paso y peso de los años.

Me refiero, claro, a los amigos incondicionales. Aquellos con los que uno sabe que puede contar para todo. No es cuestión de madurez, sino de años de experiencia. De tropiezos y desilusiones. De pasar por rachas pésimas, esas en que muy pocos quieren participar con uno y que cuanto más se prolongan en el tiempo, más y mejor seleccionan. Esos tifones que terminan y uno cree que todo ha desaparecido. Pero no. Queda en pie lo más fuerte, lo más fiable. Esos: los amigos de verdad.

Me gustan mis amigos de verdad. Los que llaman sin motivo. Los que se preocupan por mí si dejo el móvil en silencio y no veo sus mensajes. Me gustan los amigos de verdad que cuentan conmigo improvisadamente, que no se paran a pensar si molestarán al hacerme una proposición repentina, a destiempo. Quienes no se paran a mirar la hora cuando algo les apremia y quieren oír mi voz. Me encantan mis amigos, que cuentan conmigo para todo, hasta incluso si se han olvidado de avisarme y se alegran sinceramente al verme aparecer. Me complace la confianza, es un síntoma muy significativo de la lealtad. Es el símbolo oculto de quien te abre los brazos y te presta su vida para que la tuya sea un poquito más feliz. Por ellos, los incondicionales, los de verdad, que son muy pocos.

 

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Fotografía de ELENA SILVELA

Elena Silvela

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