Los Bunkers – La velocidad de la luz

Tuve conocimiento de Los Bunkers el año pasado gracias a mi amiga chilena Marcela Cárdenas, que me introdujo a la versión del tema de Silvio Rodríguez Quién fuera, cuya relectura y reinterpretación en clave de folk-rock por parte de la banda de Concepción me encantó. Y para mí demuestra que las composiciones del cubano, independientemente del tempo aplicado, quizá están más cerca del pop juguetón, aunque ya medio serio, de los Beatles de la época de Rubber Soul, que de la tradición musical de la isla (es mi opinión, insisto).

 El caso de Los Bunkers es el de un conjunto de evidentes influencias sesenteras y setenteras, en el mejor de los sentidos de ambas décadas, si bien yo también aprecio en su música algún eco de los 80, pero a lo mejor también es un deje mío. Compartiendo como comparten continente con los americanos del norte, guardianes de la llama sagrada del rocanrol, sus acordes reflejan más las melodías, también anglosajonas, del otro lado del Atlántico. Lo que quiero decir es que Los Bunkers me suenan más a gente como Bowie, The Jam, Kinks, que al rock pantanoso de un John Fogerty o a las ensaladas guitarreras de Neil Young y Crazy Horse, por poner dos ejemplos.

 El séptimo álbum del quinteto se titula La velocidad de la luz y salió al mercado en mayo de 2013. Trece años antes habían debutado en Santiago de Chile con su primer disco homónimo que les abrió las puertas de las emisoras de radio comerciales e incluso de la MTV, en donde apareció su vídeo “Fantasías Animadas de Ayer y Hoy”.

 La velocidad deja claro, especialmente a través de temas como el pegadizo Bailando solo, que aparte de su deuda con el rock clásico, Los Bunkers han escuchado y apreciado el funk más ochentero y bailable. Otras canciones del disco tiran más hacia el pop progresivo de la era hippie, con sus aromas a incienso y su cascabeleo de las guitarras de doce cuerdas a lo Roger McGuinn, como es el caso de Sur.

 No obstante, es un combo con un sonido propio aparte de las influencias más o menos evidentes, capaz de firmar temazos como Si estás pensando mal de mí, que podríamos afirmar que lleva consigo el “sonido Bunker”, el sello de la casa, caracterizado por la forma ágil y versátil de construir la melodía.

 El día en que dejaste de fingir es otra canción popera, aunque nada simplona, con vocación de single de éxito, que supura sonidos europeos por los poros en la línea del primer Elvis Costello o de unos posteriores en el tiempo Belle & Sebastian. Y Dicen es un delicioso tiempo medio con aroma a bossa-nova y sabor a melancolía cálida, una pequeña joya.

 Paradójicamente, y puede que me equivoque, Los Bunkers no han desplegado su potencial fuera de su Chile natal. Leyendo su biografía oficial en la página web del grupo da la sensación de que, aparte de México en donde grabaron uno de sus discos, no han tenido una proyección hacia otros países del continente, ni mucho menos hacia España.

 De acuerdo con dicho medio, han compartido escenario con figuras internacionales de primera línea como The Strokes, Duran Duran, Kanye West y PJ Harvey, en el Festival de Coachella 2011. Pero no se ha planteado, que yo sepa, una campaña internacional en condiciones que a mi juicio resultaría exitosa dada la calidad de la música de esta banda y su capacidad para componer temas atractivos y cercanos pero que no caen en la banalidad de la música latina mainstream actual.

 

 

Pablo Rodríguez Canfranc

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